Uno de los detenidos tenía un pedido de captura por el homicidio de un agente de Prefectura.
Los dos delincuentes detenidos por la DDI Campana el lunes último habrían cometido 25 secuestros virtuales en Campana, informaron fuentes policiales. Los investigadores pudieron apresar a los dos sujetos in fraganti cuando hacían el cobro de un "secuestro virtual" que tenían en proceso.
A raíz de la investigación iniciada meses atrás por personal de la DDI Campana, se logró detener a Héctor Javier Medici (36) y Sergio Aníbal Grigoriew, sobre quien pesaba un pedido de Captura del Juzgado Nacional de Ejecución Penal de Capital Federal Dr. Peluzzi, por Evasión del Servicio Penitenciario Federal, donde cumplía condena por "tentativa de robo y homicidio agravado", por un hecho ocurrido en el año 2005 en el cual perdió la vida el Suboficial Mayor de la PFA Oriente Nelson Herrera, mientras que su hijastro, Daniel Di Candia resultó gravemente herido.
Ese episodio sucedió en el barrio porteño de Villa Luro en un intento de asalto en el que el uniformado y Di Candia fueron agredidos a balazos. Por ese caso Grigoriew fue condenado a prisión perpetua por el Tribunal Oral Nº 12 de Capital federal, aunque hasta el momento de la fuga había cumplido 4 años y 15 días.
El prófugo y ahora detenido, en el momento de ser capturado por la policía, falseó su identidad haciéndose llamar Gabriel Horacio Fernández Oses de 37 años, agregó una fuente.
En poder de uno de los secuestradores virtuales la policía secuestró 30 mil dólares, 20 mil pesos y alhajas que eran entregadas por la víctima frente al domicilio en la calle Jean Jaures, mientras que su cómplice fue capturado a bordo de una Pick Up Toyota Hilux cuando lo esperaba a metros del lugar.
Según contó un vocero, los delincuentes seleccionaban a sus víctimas a partir de la situación financiera de estas, sobre las que previamente realizaban un trabajo de inteligencia que les permitía conocer el entorno familiar, los movimientos y actividades de sus integrantes.
Luego "esperaban la oportunidad y aprovechaban la vulnerabilidad a la que quedaba expuesta la víctima al tener noticia de que un ser querido se hallaba en peligro" agregaron.
Los contactos de los delincuentes con la víctima siempre eran telefónicos, y tan precisos en la información que no daban margen a dudas a que desconfiaran de que se trataba de una farsa.
Además, realizaban rápidamente la negociación donde pactaban en dinero y joyas el pago del rescate, y las exigencias eran medidas dentro de las posibilidades a las que sabían que la víctima podía acceder de inmediato, para que ésta en la desesperación no dudara en aceptar a la exigencia y conformara el pago de inmediato, tratando de evitar que el tiempo les jugara en contra y se revelara la verdad.
Tras varios meses de investigación, la sospecha se centró sobre el accionar de dos sujetos sobre los que se llevaron a cabo distintas tareas de inteligencia criminal, incluídas intervenciones y análisis de telefonía, de éstos y su entorno.
Como resultado de esos trabajos, los detectives determinaron que los investigados son autores de 25 hechos cometidos en la misma modalidad.
Los sujetos detenidos eran peligrosísimos delincuentes.



