´Hartos del mal vivir ya por las autopistas de la libertad, nadie se atreve a vivir sin cadenas´. Joaquín Sabina.
LA PLATA (Especial para AIBA). Hoy el alcoholismo en general y en especial el juvenil, es un problema ya pandémico. En la ciudad de Buenos Aires el 32% de los adolescentes de 12-14 años toma alcohol, y el 57% de los que tienen 15 años. Al llegar a los 18 años llegamos casi al 80% (fuente Sedronar). Estos datos son de la población escolarizada; en los que no van a la escuela estos números aumentan enormemente. A su vez, el Jefe de Gobierno de la Ciudad reconoce que en las guardias hospitalarias ha subido al doble el número de alcoholizados y esto seguramente tiene que ver con el incremento de la accidentología y la violencia callejera.
Mientras tanto, en este territorio hay 2.000 maxikioscos que venden alcohol en distintas graduaciones. ¿Puede la salud pública de una ciudad resistir tantas bocas de expendio, a las cuales hay que agregar bares, pubs, restaurants y boliches? En países que cuidan la salud pública ¿esto es así? Taxativamente no. Está comprobado que a mayor cantidad de puestos de venta habrá mayor consumo. Sobre esto hay una experiencia clave realizada en Finlandia en la década del 50; en una de las ciudades estudiadas el alcohol ´estaba a la mano´ como lo está en nuestro país y en otra había sólo pocos centros de venta por barrio. El experimento social mostró que el consumo de cerveza y vino había subido espectacularmente en la ciudad en donde la oferta era masiva y había bajado en la ciudad en donde la oferta era limitada (A. Goldstein- Adicciones 1999).
En Suecia, donde nadie puede dudar del respeto por las garantías individuales que ahí existe, sólo un negocio por barrio vende alcohol y ni siquiera se lo hace en los supermercados. De esta manera, y conjuntamente con otras medidas preventivas, han logrado controlar un serio problema adictivo. Tuvieron decisión para hacerlo.
En nuestro país intentamos enfrentar un problema típico del siglo XXI con respuestas del siglo XIX. Creemos que acumulando leyes el problema se resolvería. El propio Jefe de Gobierno denunció que la última ley promovida para no vender alcohol entre las 23 y las 8 hs. era ´esquizofrénica y culpógena´ ya que no admitía sanciones. Esto es coherente con una ideología que hoy impera y que tiene dos caras:
1) Todo se debe legislar (parecería que vivimos en una república de leguleyos), pero el marco legal luego no se aplica con el agravante que el marco normativo debe ser ´light´ ya que en el fondo no se cree que la pena sirva para un ordenamiento social; es pura esquizofrenia: se legisla un vacío normativo para luego elogiar el vacío porque ´cada uno hace con su cuerpo lo que quiere´, por ejemplo;2) En lo relativo al alcohol hay un latiguillo comunicacional utilizado permanentemente por políticos, comunicadores y funcionarios: ´ el alcohol es un efecto de otros problemas´; de esta manera no se enfrentan realidades ya desatadas como es el consumo abusivo.
Quizás tendríamos que leer al maestro francés Edgar Morin, que en su método de estudio de las sociedades complejas de hoy nos enseña el llamado principio recursivo: el efecto se hace causa y la causa es efecto. Nos quiere decir que aunque el alcoholismo sea causado por problemas sociales, la alcoholización es causa de otras muchas cosas.
Sigue a Pascal cuando dice: ´ todas las cosas son causantes y causadas´.Lamentablemente estos dos pensamientos que guían el proceder de muchos que tienen funciones rectoras en la sociedad nos condenan a la peor de las condenas: la anomia, la ´anemia´ normativa, y nos postra en la impotencia ante realidades en donde la decisión es clave. En otras provincias se llegó a legislar colocar franquicias para la venta de alcohol (lo cual es positivo); pero no se reglamentan las leyes, con lo cual todo sigue igual.
Es el típico gatopardismo, cambiar algo para que nada cambie. Somos junto con México los únicos países en donde el alcohol sponsorea equipos de fútbol. Las empresas de alcohol triunfaron. Casi no pagan impuestos. Leyeron bien la crisis de la sociedad post- moderna e impusieron deseos y necesidades de alcohol capturando con imágenes en ritmo de video clips a miles de jóvenes. Centraron todo en la diversión (valor clave en esta sociedad). Rompieron la cultura del relato. Sacralizaron el movimiento con botellas dando vueltas. Se aseguraron miles de puestos de venta, y organizaron un aparato impenetrable de seducción con deportistas, clubs de fútbol, artistas, etc. que sirven permanentemente para alimentar el ideal de prestigio que da el tomar. Han logrado su objetivo: la creencia de que el alcohol no daña. Tomar alcohol es señal de un status adquirido, como puede ser usar Nike o Adidas.
La realidad es otra (el 15% de las personas que toman contacto con el alcohol tienen la posibilidad de volverse adictas -Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencias- U.S.A. 2003), pero esto no importa. organicemos una realidad virtual, repitámosla miles de veces, que ésta se hará real.
Frente a estas redes publicitarias que utilizan al máximo los valores de la post-modernidad, ¿qué se puede hacer? Seguir haciendo leyes, por supuesto que no. Sí emplear la propia estructura social: escuelas, familias, medios de comunicación y ciertas estrategias de control de los puntos de oferta. Prevenir es la herramienta del futuro y el futuro es hoy.
Cada escuela debería ser un centro preventivo e incluso conectado por Internet a un portal educativo interactivo con los jóvenes y docentes que con un lenguaje de imágenes y con animaciones forme e informe en los riesgos y daños de las adicciones. Generar miles de escuelas para padres, estructurando a la vez una campaña masiva en los medios de comunicación igualando en minutos las que realizan los productores de alcohol.
Luchar desde estos medios contra la aceptación social del consumo generando una cultura de la calidad de vida. Por último ¿puede una ciudad tolerar más de dos mil maxikioscos como puntos de oferta de alcohol? ¿Habrá decisión?
(*)Director del Instituto de Prevención de la Drogadependencia de la Universidad del Salvador. e-mail: uds-drog@salvador.edu.ar



