Es indiscutible el nivel y la profundidad de la crisis del sistema educativo en nuestro país que atraviesa todos los niveles formales, en particular el nivel secundario en todas sus modalidades.
Cómo he argumentado en libros y ponencias se hace necesario para revertirla, entre otros cambios, modificar drásticamente los sistemas de gestión de la educación pública.
No me voy a explayar ni en los aspectos técnicos ni en los propios del sentido común de esos cambios necesarios, por estar disponibles mis libros en librerías de la zona y en descarga libre en la página de edUTecNe, pero sí creo necesario enfatizar que de ninguna manera es conveniente (por el mensaje que se trasmite a la sociedad) que responsables de diseñar políticas de estado para el área educativa, realicen reuniones en la sede de grandes empresas, y menos aún que, en ese marco, reciban los lineamientos de los programas educativos de esas empresas.
El COPRET debería convocar a reuniones, en su sede oficial, no sólo a las grandes empresas, sino también a las pequeñas empresas, a emprendedores, a los gremios docentes, a asociaciones estudiantiles y a cooperadoras de padres para ser agente movilizador de energía social, en el sentido gramsciano, lo que es imprescindible en función de la magnitud del problema que es urgente empezar a resolver, que no es otro que responder con eficiencia y eficacia al desafío de proveer empleabilidad a todos los jóvenes, incluyendo en el sistema educativo, con especial esfuerzo, a los que estén en situación de vulnerabilidad que son los que desertan, tornando ilusoria la obligatoriedad legal del nivel secundario
El objetivo de las grandes empresas es maximizar utilidades para sus accionistas, ese es su legítimo rol. Pueden ayudar con inversión en las escuelas (siempre viene bien), usando el instrumento del crédito fiscal, pero no pueden reemplazar al estado, que en el área educativa debe definir objetivos bien claros, que no pueden incluir cargar la responsabilidad de hacerse cargo de la capacitación específica que requieren las grandes empresas, que son normalmente las de mayor ritmo de evolución tecnológica lo que marca un compás que es utópico pretender que pueda ser seguido por el sistema educativo de gestión pública.
La formación de nuestros jóvenes debe ser generalista y no especializada para trabajar en tal o cual empresa, donde ha de trabajar un pequeño porcentaje de ellos. Los idóneos en los temas educativos son los que deben definir las pautas curriculares, el grado necesario de equipamiento en los espacios de enseñanza-aprendizaje de las escuelas y otras cuestiones vinculadas con la formación para el trabajo en sentido amplio, no sólo en grandes empresas sino en todo el arco de posibilidades laborales reales en el marco de las tendencias actuales de la producción y de los servicios y brindando alternativas, en el marco del sistema educativo a todos los jóvenes, incluyendo a los que no pueden completar el nivel secundario. Esa debería ser, en mi humilde opinión, la agenda del Consejo Provincial de Educación y Trabajo, y si ya lo es, eso es lo que debe publicarse y no reuniones inconducentes en la sede de grandes empresas.
Nota: El autor es Director del Seminario Universitario de Ingreso, de un año de duración, de la Facultad Regional Delta de la Universidad Tecnológica Nacional y va a participar en el Foro Mundial de Educación en Ingeniería para el Desarrollo Sustentable y la Inclusión Social, a realizarse en octubre en el Hilton Buenos Aires, con la Ponencia: "La Formación del Ingeniero ante los desafíos del Desarrollo Tecnológico"



