Casi a diario, cada uno de nosotros tenemos problemas de toda clase. (Salud, económicos, familiares, soledad, emocionales, etc.) Que lo único que hacen es perturbar la paz que Dios quiere mantener en nuestras vidas.
Hasta a veces sin darnos cuenta perdemos el foco de nuestra vida, quedamos presas de la confusión y terminamos con una carga enorme sobre nuestros hombros, que lo único que hace es alejarnos poco a poco de la comunión que debemos mantener a diario con Dios.
Hablo de esos momentos en los que lo que menos queremos es hablar con El, esos en los que quisiéramos que Dios actuara inmediatamente y diera solución a nuestro problema.
A veces estamos tan enfrascados en nuestra situación, que perdemos la atención a lo que Dios nos está diciendo. El nos habla continuamente, pero nosotros mismos hemos creado una barrera que nos impide escucharle.
En el evangelio de Lucas 10:38-42, la Biblia nos cuenta la historia de María ocupada de Jesús y Marta, de la comida.
Y es que a veces nos afanamos de tal manera, que le prestamos más atención a las situaciones que nos rodean, que a Dios. María había elegido lo más importante. Ella se sentó junto a Jesús para escuchar atentamente lo que El decía.
Cuantas veces en nuestra vida deberíamos sentarnos por un momento y prestar atención a lo que Dios quiere decirnos. Es que acaso, afanándonos más de la cuenta, podremos dar solución a nuestra situación. ¿Nos dará más descanso seguir preocupados, que ir delante de El y disfrutar de su presencia?. Personalmente estoy convencido que no es así.
Muchas veces hacemos de un vaso de agua, un océano, y hasta en ocasiones terminamos ahogándonos en el.
Te animo a que hoy mismo, cualquiera sea tu necesidad, te olvides por un momento de lo que te sucede y vayas por un momento delante del Señor. Acomódate en su presencia y escucha lo que El tiene para decirte, pon atención a su voz, cierra tus ojos y deja que El te hable. Seguramente tiene algo para decirte. Será una palabra que ministre tu vida de una manera muy especial, porque El anhela siempre encontrarse en intimidad con nosotros.
Si es necesario, cierra la puerta de tu habitación, de tu oficina, o de tu casa, y acércate a Dios, habla con El, desahógate en El, renuévate en El. Lo necesitas, tú sabes que lo necesitas. No veas más hacia otro lado que no sea su presencia.
Deposita tus cargas en El, porque prometió que las recibirá, te abrazará y te dará un nuevo panorama. No esperes, no pospongas ni un instante más tu cita con el Señor. Nada hay mejor que estar en su divina presencia para ser renovado.
Y la mejor noticia es que; ¡El ….te está esperando!.
Que el Señor bendiga tu vida. Busca una Iglesia donde se predique a Cristo y La Biblia, "La Palabra de Dios"
¡Hasta la próxima semana!
Jorge García
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