Quizás cuando a principios de este año sucedió la tragedia ferroviaria de Once, muchos campanenses de cierta edad - y aún jóvenes que lo hubieran escuchado de sus padres o abuelos - habrán recordado con pesar la aún superior catástrofe de Benavídez del año 1970, con sus más de doscientos muertos y centenares de heridos, muchos de ellos de Campana.
Quiso el destino, la casualidad o ¿algo más? que ambas tragedias ocurrieran en el mes de febrero o sea en pleno verano. (Incluso un tercer gran accidente ocurrió en Santa Fe en febrero del año 1978). Yo tengo aún más preguntas existenciales para hacerme porque solía tomar el tren de la misma hora y día de la semana del que se accidentó en Benavídez. Incluso acostumbraba viajar en el último vagón que resultó totalmente destruido. Pero el destino, la casualidad o ¿algo más? quiso que yo no viajara ese fatídico día.
Pero más allá de cuestiones metafísicas hubo "pequeños" pero importantes "detalles" materiales en ambos sucesos: la falta de luz de posición en el tren de Benavídez y la falla de los paragolpes de contención en la estación de Once, entre otras cosas más difíciles de averiguar en el primer caso porque había un gobierno dictatorial, y aún no del todo esclarecidas en el segundo caso por la justicia de la democracia.
Y si bien en los países "ricos" ha habido grandes accidentes de sus "trenes bala", en nuestro país es ya tradicional la obsolescencia del material rodante de un medio de transporte sobre el cual ya "pesaba" la "orden de extinción", desde el exterior, para ejecutar por las "obedientes" dictaduras de fines de los sesenta y principio y final de los setenta, y completada por el gobierno democrático de los noventa. Son los accidentes de la "pobreza".
En el caso de nuestra zona y Santa Fe el peligro mayor lo constituían los trenes rápidos. A fines de mayo de este año "habría desaparecido ese peligro" con la cancelación del tren diario Rosario-Retiro (que era rápido sólo desde Campana). O sea que dejó de circular el último "tren peligroso" sin que pudiéramos enterarnos de las medidas de seguridad, que a través de las décadas se hubieran implementado o no, para la peligrosa curva ferroviaria de Benavídez. Pero pienso que esas precauciones no pierden nunca vigencia aunque el tráfico sea estrictamente local.
Estas tragedias, si no totalmente evitables, pudieron haber resultado accidentes menores de haberse contado con actitudes preventivas mínimas y una infraestructura adecuada. Y para nada justifican seguir abandonando al tren que es el medio más económico, rápido, seguro, ecológico, para el transporte socialmente equitativo de pasajeros y cargas.
Tradicionalmente, los trenes de "larga distancia" han servido para la comunicación económica y afectiva de miles de ciudadanos del interior del país. Y los trenes de carga han constituido y siguen siendo la mejor opción para el transporte de mercaderías y materias primas, en la actualidad mayoritariamente a cargo de multitud de gigantescos camiones que saturan y destruyen las rutas del país
Esperemos y demandemos que el nuevo "estado presente" reactualice las virtudes de un sistema ferroviario eficiente y seguro .



