"Sé bien y lo saben cada una de mis hermanas, que lo que realizamos es menos que una gota en el océano. Pero si la gota faltase, el océano carecería de algo" Madre Teresa.
Toda la vida de la Madrea teresa es un testimonio de la alegría de amar, de la grandeza y de la dignidad de cada persona humana, del valor de las cosas pequeñas hechas con fidelidad y amor. La Madre Teresa es un ejemplo de entrega a los demás. Fue así como decidió ir a vivir con los más pobres de los pobres, para dedicarles su vida de amor, viendo en cada una de las personas esa parte divina que todos tenemos, creyendo que cada uno de los que ayudaba eran el mismo Jesucristo. Todas las personas deben ser tratadas dignamente, deben ser aceptadas y tratadas con compasión abriéndoles el corazón y recibiéndolos con amor. Ella decía que había que dar hasta que duela, y cuando dolía había que dar todavía más; porque la vida carece de sentido si no se vive para los demás. Es con nuestros pequeños actos que nos hacemos grandes, es con nuestros pequeños gestos de amor desinteresado hacia el otro en donde nos volvemos ricos. Tal vez sean momentos, tal vez ayudemos a una sola persona, tal vez sonriamos a quien nos enoja, pero es en estas cosas en donde sumamos y hacemos que la bondad y el amor se multipliquen y se expandan. Tal vez esto sea menos que una gota en el océano, pero al menos es una gota sin la cual al océano le faltaría algo, pues el océano está formado de muchas gotas como las nuestras.
La Madre Teresa siempre estaba con una sonrisa que llenaba a todos de paz, porque el amor estaba presente en todo momento, porque la gracia y la gratitud nunca faltaban, porque la revolución del amor comienza con una sonrisa. Ella decía que una sonrisa en los labios alegra nuestro corazón, conserva nuestro buen humor, guarda nuestra alma en paz, vigoriza la salud, embellece nuestro rostro e inspira buenas obras. Por eso que debemos sonreír a los rostros tristes, tímidos, enfermos, conocidos, familiares y amigos.
Al dar, no sólo damos cosas materiales, sino que también damos amor. El amor, la paz, el servir, la felicidad comienzan primero en casa, en la familia. La Madre teresa decía que la paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras familias. Si queremos sembrar alegría alrededor nuestro precisamos que toda la familia viva feliz. Es importante que sanemos nuestros vínculos, que ayudemos a nuestra familia, a quienes tenemos cerca para luego seguir con los demás. Aprender a amar al otro exige muchos sacrificios y esfuerzos, pero cuando lo hacemos reconforta nuestro espíritu elevándonos a lo más alto de los cielos.
"Cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor;
Cuando sufra, dame alguien que necesite consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre, pon a mi lado a un necesitado;
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien;
Cuando este desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos;
Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona."
"Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el bastón, Pero nunca te detengas!"
¿Qué opinas de esta nota? Escribime a maoppici@fibertel.com.ar
www.generandorealidades.blogspot.com



