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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 15/may/2012 de La Auténtica Defensa.

Intensifican la búsqueda del último tripulante desaparecido en el naufragio en Zárate




Los cadáveres de Ramón Ciriaco Rodríguez, Marcelo Osvaldo Córdoba y Felipe Aguirre, José de la Fuente, Gustavo Caracciolo y Cristian Marmet tripulantes del arenero Río Turbio, fueron hallados en el interior de la embarcación por buzos de Prefectura. Aún hay un desaparecido.

La Prefectura Naval Argentina (PNA) anunció a la familia de Luciano Luna, el marinero aún desaparecido del naufragio el sábado del arenero "Río Turbio", en el que murieron al menos seis personas, que la búsqueda durante la jornada de hoy sin interrupciones.

"Los buzos sólo se detendrán cuando la tarea de remoción del buque con una grúa -que llegará hoy por la tarde- impida la operación", dijo luego en conferencia de prensa, el prefecto mayor Sergio Gaetán, jefe de la PNA, área Delta, con asiento en Zárate.

La tragedia se desató a las 3.58 del sábado, en el kilómetro 102 del río Paraná de las Palmas, cuando el "Río Turbio" colisionó con una barcaza paraguaya con contenedores que iba en sentido contrario empujada por el remolcador "Ava Payaguá", cuya tripulación, de doce hombres, no sufrió bajas.

El funcionario informó a los familiares que, según el testimonio del segundo jefe de máquinas, Héctor Bogado, único sobreviviente hasta el momento, esa noche Luna estaba de guardia junto con el primer oficial, Ramón Rodríguez, que falleció en el episodio.

"Por eso pensamos que debían estar en la timonera, y es donde más hemos buscado", indicó Gaetán a los periodistas.

El jefe naval corrigió en la rueda de prensa una versión errónea sobre el rescate de Bogado, a quien se atribuyó haber nadado 90 minutos hasta ponerse a salvo.

"A los pocos minutos fue auxiliado por una balsa de la embarcación paraguaya, y en seguida trasbordó al guardacosta de la Prefectura. En el libro de guardia está registrado su desembarco aquí a las 4.24", informó.

Gaetán informó que ayer trabajaron en el barco hundido 18 buzos, de a dos por turno, que recorrieron dos veces cada uno de los compartimentos del navío, incluidos los baños.

También revisaron los alrededores, sin novedad. En tanto, equipos de superficie y de tierra siguieron buscando aguas abajo en las dos orillas hasta el kilómetro 75, con ayuda de perros y el apoyo de los bomberos voluntarios de Zárate, Hurlingham, Pilar y Los Cardales.

Luna, de 24 años, es el miembro más joven de la infortunada tripulación, con la que embarcó para reemplazar a otro marinero, y está a punto de ser padre.

Luis, su padre, contó que "Luciano tenía amigos en el sindicato y, desde que terminó la secundaria, hacía relevos en distintas embarcaciones; justo esta vez faltó un marinero de esta tripulación y lo llamaron a él".

"Él está en pareja, hace un par de años, con una chica un poco más chica que él, que está de ocho meses y medio, y están los dos muy ansiosos por su primer bebé", relató el padre.

Contó además que "Luciano es el primero de la familia que se dedica a esto y estaba muy contento con su trabajo; nosotros somos todos de Colón (Entre Ríos) y jamás se nos había ocurrido trabajar embarcados".

La PNA informó que los fallecidos en el naufragio son Gustavo Caracciolo (37 años, capitán), Ramón Ciriaco Rodríguez (58, primer oficial), Felipe Haroldo Aguirre (57, jefe de máquinas), Marcelo Osvaldo Córdoba (36, marinero y cocinero), José Mario de la Fuente Sequeira (46, contramaestre) y Cristian Ariel Marmet (25, marinero).

El "Río Turbio", de 82,72 metros de eslora y 15,2 de manga, había partido de San Pedro con 2200 toneladas de arena y destino la ciudad de Buenos Aires.

Tiene 31 años de antigüedad y es el mayor barco de la flota de cinco de la empresa arenera Puerto Nuevo.

El "Ava Payaguá", botado en 2010 y de 31 metros de eslora, iba de Buenos Aires a Asunción empujando una barcaza de 85 metros de largo por 24 de ancho, cargada de contenedores.

Ambos iban a cinco kilómetros por hora. La punta izquierda de la barcaza tocó el costado izquierdo de la proa del arenero y le produjo un corte de siete metros en el casco.

Sin embargo, no fue la avería la que causó el naufragio sino el golpe, porque hizo inclinar al arenero hacia la derecha y su carga se fue corriendo hasta que lo volcó de costado, tres minutos después del impacto.

La barcaza también fue llevada por la inercia y no se fue a pique porque quedó apoyada en un banco de arena. Las embarcaciones quedaron distantes 2,1 kilómetros una de la otra.

El barco argentino, de 15 metros de manga (ancho), quedó recostado sobre el lecho del río, uno de los mayores brazos del Paraná, en un lugar donde la profundidad es de doce metros, por lo que exhibe su lateral izquierdo sobre la superficie.

Los buzos salvamentistas trabajan a ciegas, debido al limo en suspensión que oscurece el agua; a seis u ocho metros de profundidad, van acompañados, están en comunicación permanente con la superficie y van atando una soga a medida que recorren el buque, para marcar el regreso y la zona explorada. El accidente se produjo en una noche clara, sin niebla, en un recodo donde el río tiene unos 80 metros de ancho, marcado en los mapas como de libre sobrepaso permitido, y con ambos capitanes advertidos por la Prefectura de que iban a cruzarse, e incluso habiendo establecido comunicación entre sí.

Gaetán informó que están detenidos e incomunicados Tomás Galeano (capitán), Orlando Fleitas (timonel) y Rubén Servián (práctico) de la embarcación paraguaya, que eran los encargados de las maniobras.

Leonel Dagnino y Oscar Richetti, propietarios de la empresa Puerto Nuevo, fueron a Zárate a seguir paso a paso las operaciones de búsqueda y rescate, e incluso contrataron tres buzos de la empresa privada de salvamento de Raúl Negro, para que colaboraran con la Prefectura.

Los empresarios dijeron que el barco hundido es recuperable y que les tomará un año o dos volver a ponerlo en servicio.

El sobreviviente:

El único sobreviviente hasta ahora de la tragedia en el Paraná, el "Negro" Héctor Bogado (62), está bien físicamente pero destrozado emocionalmente. En el Sanatorio Modelo Quilmes se recupera del shock y los golpes que recibió en el choque entre el barco arenero Río Turbio, que tripulaba como maquinista, y el remolcador paraguayo Ava Payagua. Allí le contó a su esposa y a sus hijas la odisea que vivió el sábado a la madrugada. Vanesa (34), su hija menor, contó: "El barco se hundió en menos de cinco minutos. Gracias a su experiencia, logró moverse de tal manera adentro del buque que el agua no lo chupó. Así, en la sala de máquinas se fue agarrando de donde pudo y logró salir a la superficie. Milagrosamente encontró un salvavidas, en plena madrugada, con frío y a oscuras, hasta que lo rescataron".

No es la primera vez que Bogado sobrevive a un accidente de este tipo. Fue el único sobreviviente de otra tragedia en la que murieron sus compañeros en un barco que se incendió, hace casi treinta años. Ayer encontraron sin vida al capitán del arenero Río Turbio, Gustavo Caracciolo (37) en uno de los pasillos del buque, y a otros cinco tripulantes: Felipe Haroldo Aguirre (57), jefe de máquinas; Marcelo Osvaldo Córdoba (45), cocinero; Ramón Ciriaco Rodríguez (58), primer oficial; José de la Fuente (46), maquinista y el marinero Cristian Marmet (25).

Bogado, el maquinista del buque argentino, vive en Quilmes, tiene tres nietos y lleva casi 40 años navegando. Mide un metro setenta, pesa 70 kilos, se mantiene en buen estado físico y es muy activo, según lo describe su familia.

"Me contó -siguió Vanesa- que al salvavidas lo alcanzó con desesperación, acercándolo con los pies. Cuando llegó a él, esperó ver a alguno de sus compañeros pero no sucedió; tampoco oyó gritos ni pedidos de auxilio. Nos dijo que a la mayoría el choque los sorprendió mientras dormían. De pronto vio cómo el barco se dio vuelta y decidió tirarse al agua". Lo rescató gente del buque paraguayo y después llegó la Prefectura. Fue trasladado al hospital de Campana con un cuadro de hipotermia leve y politraumatismos.

Poco antes de las seis de la mañana, Vanesa recibió el aviso de la Prefectura. Con su esposo viajó hasta Campana y después del mediodía su papá fue llevado a la clínica de Quilmes. Allí, fue sometido a varios estudios médicos. "Tragó agua, aceite, gasoil...hubo toneles que se abrieron y varias explosiones", detalló Vanesa. En general su estado de salud es bueno y se está recuperando. "Físicamente tiene raspones en las piernas. Esperamos que la ART le envíe asistencia psicológica: es lo que más necesita".

Bogado está shockeado y angustiado: él es el mayor de la tripulación y, como transmitió su hija, se siente "un poco el papá de sus compañeros". "Con los más jóvenes, los marineros de veintipico, estaba muy encariñado, recién había compartido tres o cuatro viajes y estaba al tanto de sus aprendizajes", apuntó.

El marinero siente, además, que tuvo un Dios aparte. "Nos dijo muy emocionado -recordó Vanesa-: ´Esto fue un milagro. Es como si alguien o algo me fue indicando por dónde salir".


El personal de Prefectura continuó toda la jornada de ayer buscando al último desaparecido.


El jefe de zona de Prefectura anunciando a los familiares el hallazgo de los cuerpos.


Hoy llegará una grúa para tratar de dar vuelta el barco.


Los buzos de Prefectura realizaron constantes descensos al interior del barco hundido.

 
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