Mi padre me contaba, que cuando él tenía 18 años (1924), inició un taller de carpintería metálica con otra persona (su socio) de su misma edad, comenzaron a fabricar distintos artículos en acero.
Contaban con una fragua con ventilador manual, sierras, corta hierros, martillos, bigornia, soplete oxiacetilénico, un transformador para soldadura y mucha voluntad.
En ese entonces todas las uniones se realizaban por roblonado (remaches) y alguna que otra soldadura con varillas desnudas (no se conocían los electrodos revestidos). Por tal motivo la soldadura que realizaban la tenían que martillar para poder disimular sus defectos.
Para poder cortar algunas posiciones de piezas de acero, los calentaban en la fragua, los colocaban sobre la bigornia y con el corta hierro y martillo realizaban el trabajo.
En ese mismo año en Suecia un señor llamado Oscar Kjellberg, luego de haber presentado en la Oficina de Patentes de 1904, una nota escrita a mano, describía su invención del electrodo recubierto. Luego de 20 años se puso a fabricar esos electrodos y revolucionó las construcciones metálicas. A partir de entonces, fue muy lenta su aceptación, ya que tenía muchos retractores que no aceptaban la soldadura por desconfianza..
Sin embargo durante la segunda guerra mundial, los países necesitaban construir rápidamente, embarcaciones seguras y comenzaron a reemplazar los buques metálicos con uniones roblonadas por soldaduras por arco eléctrico con electrodos revestidos. Fue así que un buen día llegó a la argentina el buque tanque mercante "Longwood", de la empresa inglesa John I. Jacobs, que había sido torpedeado por un submarino japonés en las costas de lo que hoy es Sri Lanka.
Ese buque tanque recaló en Bahía Blanca y la Armada tomó la decisión política de repararlo. Era un buque completamente remachado, se cambiaron sus partes internas y externas, pero se utilizó por primera vez para la unión de las chapas, la soldadura eléctrica con electrodos revestidos. De ahí en más se inicia la historia de la soldadura por arco en el país.
Aproximadamente 35 años después, se inicia en Campana, Provincia de Buenos Aires, la primera escuela de soldadura privada del país. Precisamente el día 4 de Abril de 1977. Ciudad próspera, afectiva y acogedora de quienes hemos venido de otras ciudades, la que personalmente quiero como si fuera la ciudad donde me vio nacer.
He dedicado toda mi vida a esta profesión, que amo y transmito todos mis conocimientos a quienes quieran recibirlo, primero como soldador, luego como técnico y posteriormente capacitador. Es por ello que admiro a los soldadores y futuros trabajadores de esta especialidad y quiero rendirles próximamente, si me acompañan, un homenaje bien merecido, nombrando el día 4 de Abril, como el "Día del Soldador", como ya existe en otros países.
Miguel Angel Dipaola
LE 5607869



