"La enfermedad es una señal de alarma. Toda enfermedad nos enseña algo. Toda enfermedad es el resultado de la inhibición de la vida del alma, un desvío del camino de la armonía. El arte del curador consiste en liberar el alma, a fin de que su vida pueda fluir… Todo lo que acontece en el mundo de hoy y que afecta tan poderosamente a la humanidad pertenecen a efectos iniciados por los seres humanos, en alguna parte, en algún nivel y época, ya sea en forma individual o en forma grupal… Todo Karma de naturaleza maligna, se resuelve mediante una aceptación voluntaria, un franco reconocimiento de la responsabilidad, un amor cooperativo y un hábil reajuste de la actividad conjunta y unida, para obtener el bien de toda la humanidad y no sólo el bien individual de una nación, un pueblo o una raza… Generalmente, la enfermedad comienza de forma suave, y si es desoída, aumenta su intensidad cada vez más, hasta que se oiga.
Enfermedad que no se toma en cuenta, es una oportunidad de aprendizaje que no se aprovechó. La finalidad de la enfermedad es el aprendizaje para uno mismo. Aquello que no se aprende, ya sea en el plano físico, emocional o psíquico, se repite; y si no se aprende, se repite, y si no se aprende, se repite…" (Del Cuerpo al Espíritu, Dr. Rogelio D´Ovidio)
Nuestro cuerpo refleja nuestra alma, nuestras emociones, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos. Cuando por alguna razón no fluimos en armonía, y perdemos ese balance, nuestro cuerpo nos habla. Nos avisa que nos estamos desviando. Y si no presto atención a estas señales, si no escucho y no me pregunto qué está sucediendo, entonces me enfermo.
En cambio, si me pregunto, qué tengo que aprender de esto, qué debo cambiar en mí, qué necesito, aprovecho la oportunidad para crecer y sanar mi cuerpo, mi mente, mi alma, mi espíritu. Todo tiene una causa, nada es azar.
Con lo cual es importante poder descubrir aquello que nos desvía del equilibrio, aquellas cosas que nos irritan y nos enojan, tanto en nosotros como en los demás. Debemos preguntarnos qué me pasa con esa situación o con esa persona, cómo me siento, qué pienso de eso, qué me digo frente a esas circunstancias, cuál es mi responsabilidad, qué estoy dispuesto a cambiar para sanar.
De esta forma, al ver claramente qué me sucede, al iluminar nuestras sombras y reconocerlas, podremos asumirlas y evolucionar. Cuando vuelvo a mi ser, a mi esencia y escucho la voz del alma, puedo encontrar esa armonía perdida. Esa paz y alegría que nos hace sentirnos plenos. Una respiración profunda y lenta nos mantiene sanos.
El sol no sólo nos irradia luz, sino también energía. Una nutrición sana y la actividad física hacen que nuestro organismo se mantenga saludable. Nuestros pensamientos y sentimientos también son trascendentes y van en concordancia con nuestra salud.
No busquemos explicaciones en el afuera, no busquemos culpables, somos nosotros responsables por nuestras enfermedades, y también los somos por nuestra curación.
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