Es usual considerar a Foucault (n. 1926- m. 1984) como uno de los principales representantes del estructuralismo francés. Es muy común inclusive considerarlo como el filósofo del estructuralismo, a diferencia de Lévi-Struss, que es Antropólogo, y de R. Barthes, que es crítico. Ahora bien, aunque el pensamiento de Foucault encaja mejor dentro del estructuralismo que dentro de cualesquiera otros movimientos filosóficos contemporáneos, y aunque Foucault coincide con los estructuralistas en rechazar atenerse a, o detenerse en, los fenómenos superficiales de que se ocupan habitualmente los historiadores y los cultivadores de las ciencias sociales y de las ciencias humanas, hay considerables diferencias entre la noción de estructura en los autores mencionados y el tipo de indagación llevada a cabo por Foucault en sus estudios de historia de la locura y del origen de la clínica. Los trabajos de Foucault sobre la arqueología del saber, sobre la arqueología de las ciencias humanas y sobre el orden del discurso proporcionan la base filosófica de lo que se ha llamado "su" estructuralismo, y permiten ver hasta qué punto este último nombre no es completamente adecuado para describir sus trabajos; en todo caso, pueden dar una idea de los fundamentos de lo que Jean Piaget ha llamado, al referirse a Foucault, "un estructuralismo sin estructuras".
Nos hemos extendido sobre las ideas de Foucault en los artículos ARQUEOLOGIA, DISCURSO, ENUNCIADO, EPISTEME y SIMPATIA, que pueden considerarse como parte, o complemento, del presente artículo. De estos artículos se desprende que si bien Foucault se apoya en datos históricos para expresar sus ideas, niega a la vez que las ideas, en cuanto supuestos modos de ver y representarse, o figurarse, o simbolizar, el mundo, sean función de la historia. No son ni siquiera función de un ser humano, que sería sujeto de la historia. No hay, en rigor, para Foucault semejante sujeto. Lo que se llama tal es una realidad instalada en una "episteme", algo que "se desliza", por así decirlo, en el "discurso" de la episteme. Si cabe hablar de estructuras, se trata de estructuras que no tienen sujetos.
Foucault trata de evitar el malentendido en que, a su entender, consiste adscribir su empresa simplemente al campo estructuralista: "No se trata de transferir al dominio de la historia, y especialmente de la historia de los conocimientos, un método estructuralista que ha hecho sus pruebas en otros campos del análisis. Se trata de desplegar los principios y las consecuencias de una transformación autóctona que está en vías de cumplirse en el dominio del saber histórico... no se trata (y aún menos) de utilizar las categorías de totalidades culturales (sean visiones del mundo, tipos ideales, espíritu particular de las épocas) para imponer a la historia, y a despecho de ella, las formas del análisis estructural" (LA ARQUEOLOGÍA DEL SABER, p. 25-26). Por ello Foucault niega que sus obras se inscriban -cuando menos primariamente- en el debate sobre la estructura, como contrapuesta a la génesis, a la historia y al devenir, pero admite que se trata de deslindar un campo donde se plantean asimismo los problemas de la estructura.
Foucault se opone a todo "narcisismo", en particular al narcisismo de las ciencias humanas, las cuales han hecho creer que el hombre es "el problema más constante del saber humano". "El hombre -escribe Foucault- es una invención cuya reciente fecha es fácilmente mostrada por la arqueología de nuestro pensamiento. Y con ello se muestra acaso su fin" (LAS PALABRAS Y LAS COSAS, p. 398). Se ha hablado por ello de "la muerte del hombre" y se ha estimado que el pensamiento de Foucault no solamente coincide con el estructuralismo, sino que lo lleva a sus últimas consecuencias.
En todo caso, el pensamiento de Foucault tiene en común con el de algunos estructuralistas la tendencia a buscar "campos" dentro de los cuales se alojen los pensamientos y los comportamientos humanos de acuerdo con reglas que no están hechas por los propios hombres, o que no lo están a un nivel consciente. Los campos de referencia son para Foucault positivos, porque no consisten en constreñir la libertad, sino que hacen posible la iniciativa de los sujetos. Los cambios de "episteme" -que son cambios de discurso- no son producidos por actos humanos, individuales o colectivos. No son tampoco, sin embargo, cambios producidos mecánicamente, o de los que no sepa dar ninguna explicación. Hay discontinuidad entre "epistemes", pero hay una razón de cambios que puede hallarse en lo que Foucault llama "condiciones de posibilidad". La arqueología del saber tiene que mostrar el "espacio general del saber", pero con ello se definen ya "sistemas de simultaneidad, así como la serie de mutaciones necesarias y suficientes para circunscribir el umbral de una nueva positividad" (LAS PALABRAS Y LAS COSAS, p. 14).
La idea de discurso en el pensamiento de Michel Foucault:
Para M. Foucault, el discurso es, por lo pronto, "lo que se dice", pero este decir no está confinado a los actos lingüísticos en sentido estricto, aun si todo discurso está asociado con el lenguaje. El discurso es un orden en virtud del cual se circunscribe el campo de la experiencia y el del saber posible, definiéndose "el modo de ser de los objetos" que aparecen en tal campo y las subsecuentes descripciones, clasificaciones, etc. Por eso puede hablarse de un "discurso de la Naturaleza". El discurso está correlacionado con una "episteme", que es como el "paradigma" dentro del cual se organiza el mundo. La dificultad de comprender la diferencia entre el discurso clásico y el discurso moderno se debe a que el primero se halla ligado a una teoría de la representación, que persistimos en usar al tratar de entender el discurso moderno.
El "discurso" es para Foucault una serie de procedimientos mediante los cuales se establecen líneas divisorias entre lo admitido y lo no admitido. A menudo se identifica "discurso" con "discurso admitido" -como ocurre con la "sanidad" y la "verdad", que son los discursos admitidos, frente a la "locura" y la "falsedad", que han sido discursos excluidos- (EL ORDEN DEL DISCURSO, p. 11 y sig.). El discurso es una delimitación, pero a la vez puede hablarse de "procedimientos de control y delimitación del discurso", que se ejercen desde el exterior o bien que son inmanentes a él. Entre los principios (o reglas) a que hay que recurrir con el fin de comprender la estructura de un discurso en el sentido de Foucault puede mencionarse los de la especificidad y de la exterioridad. De acuerdo con el primero, hay que evitar suponer que el mundo se nos manifiesta de cierto modo que sólo hay que tratar de descifrar; "no hay -escribe Foucault- providencia pre- discursiva que nos lo disponga a favor nuestro" (opus cit. p. 55). De acuerdo con lo segundo, no hay que partir del discurso para alcanzar un núcleo de significaciones, sino más bien partir de su "aparición" y de su "regularidad" con el fin de examinar "las condiciones de su posibilidad".
Extraído de: José Ferreter Mora, DICCIONARIO DE FILOSOFÍA, ed. Alianza, Madrid, 1981.
Ana Carolina Erregarena
Licenciada en Letras
Egresada de la Universidad de Buenos Aires



