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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 13/dic/2011 de La Auténtica Defensa.

Trabajo de Sociología, Colegio Armonía




Los alumnos del espacio de sociología a cargo del prof. Marcelo Sansone realizaron una crítica a la globalización, invitamos a leer uno de los trabajos realizados , entendiendo que es material opinable y desde ya no pretende ser una verdad absoluta , la alumna Victoria Pedrotti nos plantea su visión.

La Globalización

La primera vez que tratamos el tema de la globalización en la escuela tenía catorce años y era un término casi del todo nuevo para mí. Sonó a la gloria: la posibilidad de compartir, conectarse con el resto del mundo, descubrir, aprender de todo, con la comodidad que se nos es ofrecida por los medios de comunicación. Incluso lo entendía, desde una postura ingenua y simplista, como un envión para que los países empezar a dejar diferencias de lado y lograr el triunfo de los derechos humanos sobre las guerras (lo que sería dar un gran paso como raza humana) y conocernos mejor con el objetivo de que exista una mayor tolerancia.

Ahora, cuatro años más tarde, concluyo que más que acercarnos a una apertura de la comunicación, vamos a paso firme por el camino de la incomunicación. Pese a disponer de los medios y herramientas necesarias, no se utilizan de la manera adecuada. Por ejemplo, los resultados de nuestras búsquedas en Google nos muestran lo que se supone que nos interesa saber en vez de todo el abanico de información disponible. Estos filtros nos alejan más de antiguas ilusiones, manteniendo la diversidad de opiniones distantes y encerrándonos en nuestras posturas.

Un aspecto de nuestra sociedad exacerbado por la globalización es que hay personas que se sienten y son consideradas mejores que otras. Poder, dinero, supuesta belleza e inteligencia nos separan entre quienes valen y quiénes no. Realidad innegable. La vemos en la televisión, al leer una revista, al caminar por la calle, en una conversación amistosa, en una discusión, en apodos y partiendo de nosotros mismos. Porque todos tenemos en mente que quien escucha reggae se droga, el cumbiero no trabaja, el oficialista es un careta, el mexicano es un contrabandista y el yankee es un héroe de combate.

¿Héroes? ¿A quienes llaman héroes hoy en día? Si para tener libertad y honor hay que salir armado a invadir otro país para imponer el gobierno y las políticas que me convienen, me niego a tener falsos héroes. Me niego a mirar siempre a la distancia, a países que poco tienen que ver con nuestro bienestar para buscar modelos. Es hora de hacer un quiebre y si el poder está en mano de unos pocos países o empresas, que lo esté. Pero basta de soportar la basura de los del norte, que se permitan en nuestras tierras el uso de productos que vienen de países de primer mundo pero que en sus cultivos están prohibidos, que se nos bombardee con imágenes y de dejarnos enterrar bajo costumbres que no son propias.

Es que, a pesar de tener la tolerancia debida, jamás hay que perder de vista la importancia de defender lo nuestro. Por más errores que haya habido en el paso, por más que un par se hayan carteado los ases del juego voraz y fugaz que es el capitalismo, todavía nos queda una mano decisiva por delante. Es el tiempo de hacerse valer porque es ridículo que, por ejemplo, los países a cargo de la seguridad mundial… ¡Oh, casualidad! Son quienes más armas venden y quienes más beneficios sacan del negocio de la guerra. ¿Por cuánto tiempo más nos vamos a seguir creyendo este cuento?

Sí, la globalización y el capitalismo son los cuentos mejor contados de la historia. Nos venden una vida que no podemos comprar, y si la podemos comprar es por vivir esclavos de nuestros trabajos, endeudados, adaptados a los tiempos productivos y alejados de nuestras familias. El miedo es el protagonista principal del cuento y quien impulsa a todos los personajes. Grandes empresas con miedo a perder ganancias renunciando a su planeta; políticos con miedo a perder apoyo por más de fallar a sus ideales; empresarios con miedo a perder sus industrias; trabajadores con miedo a perder sus trabajos por más de renunciar a sus derechos, y así sucesivamente.

Casi como intentar pararse en el medio de una vía de trenes para tratar de detener con la mano a aquel que viene a toda velocidad… imparable, así parece ser el sistema actual: la globalización.

Alumna 3er año de Polimodal

Victoria Pedrotti


 
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