Sobre el césped de la cancha con el trote largo, seguro, de pie fuerte y mirada atenta se hace imposible no mirarlo. De repente se frena mira para todos lados y de a poco ubica a sus compañeros en defensa, con señas, voz de mando y gestos ampulosos, no vaya a ser cosa que por el aliento del publico no se le entienda y por ahí se filtre el peligro.
Sale la pelota larga del rechazo contrario, alta, rápida y justa, la pelota pica, se desplaza rápido, el pasto mojado por el rocío de la mañana temprano actúa de catapulta y la velocidad de la pelota parece duplicarse. Llega justo al cruce después de correr veinte metros, actuando de relevo del compañero sorprendido. La velocidad mental, el estar metido en el partido, la visión anticipada de la jugada, el cálculo justo para llegar a tiempo, todo esto en cinco segundos para estirarse, derrapar sobre el césped y despejar el peligro al lateral.
Vuelve a su lugar, dando ordenes, con los ojos en la espalda, para esperar el saque del contrario, entonces toma distancia para quedar como ultimo hombre, dando muestras de un conocimiento del puesto superior a lo esperado.
Sobre la mitad del partido un compañero sufre una grave lesión, se acerca rápido, no importa los cuarenta metros que lo separan, el trote largo lo hace cerca, su compañero sale en camilla, es un golpe duro para el equipo. Sobre un costado, después del cambio, rodilla en tierra se ajusta los cordones, se levanta sus medias por encima de las rodillas, gira, sale corriendo a ubicarse en su puesto de libero, golpea las manos con fuerza y alienta al equipo a seguir , a no quedarse dormidos, aplastados, sin animo, a no quedarse sin ganas para la competencia. La salida del compañero es dura y golpea pero el partido sigue, el equipo no se puede detener, no hay tiempo de lamentos por eso alienta, grita, ordena, anima y despierta.
Así transcurre el juego, dos goles del equipo contrario sellan el final y el destino de quien dará la vuelta olímpica. Se junta con sus compañeros tristes en la derrota, los saluda.
Por un momento desvío la vista para mirar el festejo de un ramillete de casacas negras y amarillas que festejan con su técnico, revolean las camisetas, saltan, gritan y cantan abrazados a la alegría del final.
Pero hay alguien que no pertenece al grupo ganador, su camiseta es de otro color. Allí está él sin que nadie le dijera nada, saludando y felicitando al equipo campeón, le da la mano a uno por uno, después sin dejar de lado su paso largo y firme se quita la camiseta, la anuda a su pantalón, baja tranquilo la escalera del vestuario y se pierde en la penumbra del túnel.
No podía quedarme con la duda, un chico así no se ve en todos los partidos, buen jugador, líder sin cinta de capitán, motivador y de alto valor moral. Estos chicos son los que debemos cuidar, apartar del resto, pulirlo, sacarle la esencia de jugador, acompañar el futuro hombre de bien y que sea ejemplo para formar nuevos líderes.
Ojalá siga el camino que alguien le trazó, quizás se cruce con una persona que pueda pulir este diamante en bruto, que pueda sacar de él el resto que le queda en lo futbolístico y en lo humano, para que siga aprendiendo y enseñando a la vez.
Casi saliendo del vestuario, lo alcancé, lo espere que terminara de subir las escalera, le pregunte como se llamaba, me dio la mano sin dejar de caminar con la vista en la salida y solo me dijo el apellido, el "..te felicito..." de mi parte quedo colgado en el aire...no le importó, ya había cumplido, sabía a que había venido, y cual era el objetivo..siguió su paso y se fue entre la gente.
Este chico tiene tanto para dar como muchísimo por descubrir. Quizás su futuro no esté en el fútbol, a lo mejor la vida y el destino tienen otra cosa pensada para él, pero hoy es ejemplo, hoy es presente forjado por el pasado, corresponde a nosotros los mayores, ver anticipadamente el futuro.
NESTOR OSCAR BUERI
Psicólogo social
Charlas y conferencias
nestorb_ps@hotmail.com



