Al cumplirse xxxv años de su creación por parte de su Santidad Pablo VI el 21 de abril de 1976, con territorio desmembrado de la entonces Diócesis de San Nicolás
El obispo de Zárate-Campana, monseñor Oscar Sarlinga, aseguró que en el XXXV aniversario de la diócesis "se hace más y más necesario el fortalecer la comunión orgánica en nuestra Iglesia particular a fines de recibir un impulso nuevo, capaz de crear tiempos nuevos de evangelización, en una Iglesia que quiere arraigarse todavía más en la fuerza profética y poder perennes de Pentecostés, procurando ser cada día más como ´un solo corazón y una sola alma´, pues tenemos por delante la apasionante tarea de hacer renacer el celo evangelizador, en el horizonte exigente y comprometido de la pastoral ordinaria".
"De esta misión religiosa ´brotan tareas, luz y fuerzas que pueden contribuir a construir y consolidar la comunidad de los hombres según la Ley divina´", subrayó en una carta pastoral con motivo de ese jubileo, que fue difundida el pasado 6 de agosto, solemnidad de la Transfiguración del Señor.
Tras hacer algunas consideraciones históricas, recordó que "la caridad de la Iglesia es manifestación del amor trinitario, es como su alma (pues su Alma, es el mismo Espíritu Santo) razón por la cual las características que el Señor Jesús quiso para su Iglesia han sido que fuera "pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
El prelado invitó, además, a ponerse a disposición para realizar ese amor trinitario y no dejar de lado la misión que se inició en 2009 en la diócesis, con la consagración al Sagrado Corazón de Jesús.
En este marco, monseñor Sarlinga anunció que el sábado 27 de agosto, a las 18, el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, presidirá la misa de acción de gracias por la consagración de la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor - declarada tal en 2008- y el término de las obras de restauración de este templo.
"Será la ocasión de dar gracias, gracias porque el Corazón de Jesús recibió nuestra consagración, acción de gracias por el camino recorrido desde la creación de la diócesis, lo cual, como toda dimensión humana, posee luces y sombras, pero en la cual la obra poderosa del brazo del Señor se ha manifestado, en la comunión eclesial, en el estado permanente de misión, en los gestos misionales y en la dimensión misional de toda la pastoral, en la Liturgia, en la catequesis, en la Caritas y la atención a los más necesitados, en Justicia y Paz, en la educación católica, en las vocaciones diversas y complementarias a la vida cristiana", destacó.
También mencionó en este sentido la alegría que significa "el aumento y perseverancia de las vocaciones sacerdotales, que ha llevado a la reapertura del Seminario San Pedro y San Pablo", aunque reconoció que "siempre hace falta ´más´, pero siempre dando gracias al Padre y Señor, por todos los beneficios concedidos".
"Nos hemos acostumbrado, quizá demasiado, a los acertados diagnósticos y a las palabras dignas y hermosas. No dejan de ser verdad, todo lo contrario, sólo que han de manifestarse en ´vida´ y vida en abundancia, pues la comunión eclesial es comunión de vida, de caridad y de verdad y, en cuanto lazo del hombre con Dios, funda "una nueva relación" entre los hombres mismos y manifiesta la naturaleza sacramental de la Iglesia; sin esa ´perenne novedad´ del Espíritu la Iglesia podría verse menoscabada en su manifestación como ´la casa y la escuela de la comunión´ que es, como la definiera Juan Pablo II", reflexionó.
Monseñor Sarlinga consideró que el proyecto diocesano "ha de fundarse en la Eucaristía, sacramento de la comunión eclesial, donde ´participando realmente del cuerpo del Señor, somos elevados a la comunión con Él y entre nosotros´. Al mismo tiempo, la Eucaristía es la epifanía de la Iglesia, donde se manifiesta su carácter trinitario", pero aclaró que hay que "tomar conciencia de que lo importante no es tanto hacer ´programas nuevos´, sino vivir la novedad permanente del evangelio".
Asimismo, sostuvo que "la santidad es la perspectiva en la que debe situarse todo camino pastoral; la santidad de nuestras comunidades es lo que ha de sostener, recrear y potenciar las actividades propias de la pastoral ordinaria. Es en el seno de la comunidad eclesial (y en la Iglesia particular se dan todas las notas de la Iglesia universal), donde el ser humano recorre su camino de conversión, de liberación del pecado y de crecimiento en la fe, hasta el encuentro con Jesucristo".
Por este motivo, explicó que "si queremos contribuir en nuestra diócesis a una profunda renovación humana y cristiana, es preciso asumir que no hay ´humanidad nueva´ si no hay en primer lugar creaturas nuevas, hechas de nuevo con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio".
"Convencidos de la fuente de la Gracia, invoquemos la ayuda del Cielo, invoquemos sobre nosotros la Paz, que es un bien tan grande que entre las cosas terrenas nada se desea con mayor ardor, nada se puede tener de más perfecto e imploremos esa Gracia de aquél que es el Príncipe de la paz. No dejemos de recurrir a la intercesión de María Santísima, aun cuando humanamente se derrumbara toda esperanza (humana); la esperanza teologal abre horizontes infinitos; María ´es causa de salvación para todo el género humano´, Ella es nuestra Señora, quien desde Luján nos dice: ´ora, canta, camina, trabaja, ten esperanza, que mi luz sea tu luz´. La luz de María es la Luz del Rostro de Cristo, Resucitado de entre los muertos. Él hace nuevas todas las cosas", concluyó.



