Erase una vez una bella princesa, en un hermoso palacio, en un lindo país. Cualquiera diría que ella lo tenía todo. Pero la princesa aún así, se sentía vacía, se sentía triste, lo cual hacía que todo lo vea sin colores. Todos los días caminaba por su parque contemplando las flores, los animales, pero nada tenía color. Esto la ponía aún más triste y lloraba por horas pidiendo que alguien le ponga color a su mirada.
Así fue como todo el reino buscaba una solución para la hija del rey, venían sabios y curanderos de otras comarcas, pero luego de probar varias técnicas y antídotos, el resultado era el mismo, todo lo veía gris. La princesa ya comenzaba a resignarse a vivir en blanco y negro, ya nada tenía sentido, estaba sumergida en una gran depresión. Con lo cual decidió ir a dar un último paseo por el parque, antes de encerrarse por siempre en su gris palacio.
Y mientras caminaba, alzó su mirada y allí en la rama de un gran árbol sin color vio un pájaro, su plumaje era inigualable, era de un color azul brillante con destellos dorados que parecían mezclarse con el sol. La princesa muy sorprendida le preguntó: "¿De qué color eres? ¿Por qué puedo ver tu color?" A lo cual la hermosa ave respondió que él sólo puede ser visto con los ojos del corazón, que su color cambia según las personas y que quienes logran verlo, es para que puedan tener una nueva mirada del mundo. La princesa casi sin creer lo que sus ojos veían le contó al pájaro cómo era su mundo triste y sin color y que nadie había podido cambiarlo. Es así como el pájaro le dijo: "Todo es cuestión de percepción, en mi mundo veo cuando cierro los ojos y estoy despierto cuando sueño.
En mi mundo controlo el tiempo, puedo viajar al pasado, al futuro o detenerlo en el presente sumergiéndome en el ahora. En mi mundo puedo flotar y viajar ilimitadamente por todo el universo. En mi mundo puedo decidir lo que quiero, puedo elegir ser feliz viendo los colores que prefiera.
En mi mundo somos pura luz, pura esencia. Todos vamos y venimos recorriendo diversos planetas. Siempre estamos juntos, y si bien, a veces cambiamos y usamos otros plumajes, siempre nos reencontramos. Nunca paramos, vivimos, morimos y volvemos a vivir, aprendemos, crecemos, evolucionamos, nos entrelazamos, nos entremezclamos, todos estamos unidos por el amor. En mi mundo estamos y no estamos, existimos y no existimos, sólo tenemos nuestro ser, por eso lo tenemos todo."
Entonces, la joven princesa deseó ser un ave para estar en ese mundo y así volar libremente. Sin embargo, el ave le respondió que esa libertad se encuentra en su interior, que ella mejor que nadie, tiene las respuestas a sus pesares y que su visión del mundo, sólo depende de ella. Dependía de ella elegir en qué mundo vivir, qué colores ver, sólo ella podía crearlo, tener su propia realidad, su propia percepción. Sólo hay que animarse a fluir, a entregarse al devenir y a ser feliz.
Es por eso, que de allí en adelante, esta hermosa princesa, comenzó a colorear su mundo con los colores que a ella más le gustaban, con luces, brillos y contrastes. Y así dejó la tristeza, dejó la resignación y se fue transformando en alegría, en amor, todo se convirtió en un arco iris de preciosos colores.
Qué hace que nos cueste tanto aceptarnos, aceptar los hechos y hacernos responsables de nosotros mismos. Si hemos de buscarle un sentido a la vida, busquemos uno que nos fortalezca, que nos atraviese el alma y nos haga trascendentes. Elijamos el mundo que deseamos y generemos nuestra propia realidad. Hay tantos mundos como personas, ¿qué me impide elegir el mío? Entonces te pregunto, ¿de qué color es tu mundo?
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