GOTARDO CROCE
Despedir a Gotardo es muy difícil, ya que se ha dicho todo y como decía su hijo Osvaldo "y lo que no se ha dicho en su momento, ahora no vale la pena".
Gracias a Dios siempre se habló mucho de este trabajador de las letras campanense que fuera reconocido en varias oportunidades con los mejores premios que sin duda mereció, dentro y fuera de la ciudad y el país.
Por esa razón me gustaría recordarlo como vecino y amigo, sin olvidar sus valores como escritor, periodista y el último creador de fábulas del país, cosas que nos enorgullece. Quiero recordar su "Minervita", pequeña imprenta manual que siempre me mostraba cuando andaba por su casa, cuando enseñándonos su funcionamiento y hasta lo que iba creando casi artesanalmente, tarjetas, una revista en otros tiempos, entre tantas cosas.
Me encantaba verlos a su amada Nélida a quien parecía proteger, ya que su aspecto de hombre fuerte, extravertido, y su vozarrón era la otra cara de esta moneda de amor profundo, ya que ella, es pequeña, de voz baja, siempre sonriente y dulce recuerdo que nos llamábamos para nuestros cumpleaños como un rito de afecto y sus creaciones infantiles acompañaban a mi entonces pequeña María Serena, traídas por el mismo hasta mi casa, para alegría de todos.
Nunca faltaban a los distintos actos culturales que se realizaron en Campana, dando su apoyo implícito con su aplauso y presencia. Hombre de humor y verdades que creció en dimensiones impresionantes, llegando mucho más lejos de los límites de nuestra ciudad, donde siguió trabajando y trayendo reconocimientos que sin duda merecía, pero continuaba igual hablando como si nada de sus cosas. Tal vez no puse todo lo que merecía y lo que hubiera querido decir, pero envío ante su partida, un abrazo, como a el le hubiera gustado, con un poco de nostalgiosa sonrisa a su familia, Nélida, Osvaldo, Claudia y todos los suyos que el Buen Dios lo ilumine, y encuentren consuelo.
DR. JUAN SCHINONI
Este fue otro agujerito en el corazón de nuestra gente campanense, saber que también partió el médico que ha sido ejemplo de muchos colegas que hoy cumplen su tarea de curar con esa vocación de servicio que el tenía. Lo recuerdo con su buen trato, atendiendo nuestras inquietudes de salud, que por lo general concurrimos asustados, pero él con o sin plata siempre esta al lado del paciente con talento médico, su buen trato y la mano extendida.
Por muchos lados, brilló como cirujano de jerarquía, colaboró con muchas instituciones, y trabajó en lugares de verdadero prestigio.
Todo Campana sabía sobre su conducta de hombre decente, solidario al margen de sus aptitudes privilegiadas de buen médico y cirujano.
En los últimos años, solía verlo en la esquina de Mitre y Rawson, siempre acompañado por algún transeunte, que, amigo o no, al reconocerlo se ponía a conversar en esa esquina, que seguramente quería mucho y siempre afable saludaba a todos y uno esperaba hallarlo allí.
También lo recuerdo en la Clínica Delta, de la que era socio fundador, con la semisonrisa en los labios, y la palabra amistosa y justa.
Médico cirujano querido por los campanenses siempre será nuestro orgullo y lo recordaremos como un gran hombre de nuestra ciudad, que nos dejó bien parados en su trabajo en otros lugares del país, donde como decía, mostró sus valores.
Por eso quería recordarlo y darle este adios, enviándole a su familia mis respetos y deseos de que encuentren consuelo, porque los grandes jamás nos abandonan, quedan para siempre dentro de nuestra memoria y corazón, tal como vivieron, con alegría de hacerlo y dando lo mejor de si en favor de los demás.
Como decía antes, con la partida, un poco antes, nos dejaron un agujerito en el corazón pero estoy segura que no les hubiera gustado vernos triste, así que a recordarlos como a ellos les hubiera gustado, fueron demasiado grandes.



