Hace ya más de 2.000 años que Dios decidió correr la piedra del sepulcro. Pero muchos, hoy, aún no entienden qué ha pasado.
Cuando María Magdalena fue al sepulcro aquella mañana muy de temprano, su mayor preocupación era quién removería la piedra de entrada al sepulcro para que ella y la otra María pudieran ungir el cuerpo de Jesús con las hierbas aromáticas.
Como buenas mujeres judías, habían tomado la responsabilidad de conseguir las hierbas y, muy temprano, dirigirse al sepulcro a cumplir con su responsabilidad para con el Maestro.
La piedra física que tapaba la entrada, era muy similar a la piedra espiritual que les impedía ver más allá de los agitados sucesos de los últimos días: El Señor Jesús había sido arrestado, interrogado, humillado, golpeado y, finalmente, levantado en una cruz, para morir allí.
Todo había sucedido muy rápido; el dolor, la confusión de lo pasado, la incertidumbre por lo venidero, no les dejaba ver. Tal piedra cubría su entendimiento y las llenaba de un profundo sentimiento de tristeza y temor.
Pero, esa mañana, Dios tenía otros planes. Al llegar al sepulcro, la piedra ya estaba corrida. La situación había cambiado. Presintieron que algo no estaba bien. Con temor, se acercaron, y a pesar de que la piedra ya no estaba, seguían sin entender (Su resurrección).
A pesar de que la piedra ha sido corrida, en la vida de muchos que se dicen cristianos, una gran piedra les impide ver más allá de la entrada. Una gran piedra les impide poder salir de su propio sepulcro para alcanzar la vida abundante que Jesús hizo posible, al subir a la cruz primero, para luego resucitar y al correr la piedra después.
¿Cuál es la piedra que tapa tu visión hoy, y que no te deja ver que el sepulcro está vacío? Y que Jesús esta vivo e invitándote a tener un arrepentimiento de todo lo pasado y poder vivir luego un presente y un futuro mejor. ¿Es tal vez, la vorágine de la vida, el trabajo y las obligaciones? ¿Una vieja amargura que no te permite perdonar? ¿Un pecado del que no puedes liberarte? ¿La ausencia de un ser querido? ¿El abandono, la soledad, el maltrato, la enfermedad? ¿Cuál es la piedra que no te deja salir de tu sepulcro interior?
Ninguna de estas piedras son obstáculos insalvables para Aquél que venció la muerte. Jesús puede correrlas todas, quitarlas del medio. El mismo poder que lo levantó de la tumba y corrió la piedra es la que está disponible hoy, para todo aquél que quiera tener un encuentro con ¡Jesús el Resucitado!.
¡Sí!, Él ha resucitado para que tú puedas tener vida y vida en abundancia, para sanarte, para limpiarte, para restaurarte y regalarte una vida eterna.
Los discípulos que llegaron al sepulcro, avisados por las mujeres, vieron y creyeron. Aún no habían comprendido que Él tenía que resucitar, pero las evidencias eran ineludibles, la piedra ya no estaba, y la tumba estaba vacía, los hechos hablaban por sí mismos. Entonces, pudieron creer y su tristeza se volvió en alegría.
Cree en el Señor Jesucristo y en Su obra de salvación en la cruz por ti, y podrás vivir lo que aquellos experimentaron después, y podrás ver a Jesús a tu lado, actuando en tu vida, cambiándola y llevándose todas tus lágrimas.
Busca una iglesia que enseñe La Palabra de DIOS. ¡Dios te bendiga! y ¡Feliz Pascua!
¡Hasta la semana próxima!, si DIOS así lo quiere. Luís Rodas
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