Pensaba... En todo este desenfreno natural que, a cada tanto, nos refresca la memoria.
La muerte es un hecho indiscutible, pero voluntariamente olvidado por las personas, y la oración suele ser apenas un refugio en medio las tempestades de la Vida. Y el hecho es que, pocas veces, nos sentimos en el otro.
Todas las catástrofes, son ajenas... Y en todos los casos, todos recibimos la muerte de los demás. Mueren hijos de otros, que podrían ser nuestros, padres de otros, hermanos... Si acaso, amiga, amigo lector, algún final catastrófico envolviera hoy a la Humanidad, este presente tendría a muchos de nosotros separados físicamente, pero unidos en Alma y Espíritu.
Pienso en mis hijos, en los hijos de los demás, en nuestras familias... y en los distintos escenarios de la Vida. Muchos, casi seguro, asistiendo responsablemente a la propia prole, rezando a una misma hora por los suyos y los otros... Si ese es el Destino que nos cabe, sólo deseo en este día, confirmar que no existe ningún espacio-tiempo que sea de separación, para aquellos que se quieren. Sólo puentes; puentes de Luz, de amor y unidad.
Rezo cada noche por vos lectora, por vos lector, por los tuyos y te siento rezando por los míos. Creo que esa es la única razón válida de vivir esta realidad... Abstaer toda apariencia mundana, para dar Luz a la Esencia Humana.
Es sólo una reflexión que hago este día, y la he querido compartir contigo... Ojalá te toque el Corazón, como a mí.
Claudio Valerio.



