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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 06/feb/2011 de La Auténtica Defensa.

Cara o Ceca:
La responsabilidad personal
Por Lic. Patricia Katz




Hace un par de semanas, precisamente el 22 de enero salió una nota en La Nación firmada por Richard Friedman en la que cuestionaba el autoconocimiento como camino para resolver conflictos.

La nota refiere el caso de una persona que cuestionaba cuanto el saber acerca del origen de un padecimiento no lo ayudaba a sentirse más feliz, al contrario, a partir de ese momento sus padecimientos se hicieron más intensos y se preguntaba para qué le servía el saber…

"Se había separado de su novia; ella lo había abandonado. Pero no era la primera vez. En el lapso de tres años, era la segunda o tercera vez que le ocurría… Sabía que le resultaba insoportable tolerar cualquier separación y que a partir de sus terapias había podido relacionar ese sentimiento con la temprana separación con su madre enferma de cáncer a sus cinco años.

Había logrado avanzar en el autoconocimiento respecto a la naturaleza de su sufrimiento, pero no se sentía mejor…"

La nota continuaba en estos términos y a medida que avanzaba en su lectura mi incomodidad aumentaba pues ante cada ejemplo, consideraba siempre la perspectiva de lo que el otro había hecho.

En ningún momento planteaba la situación de sí. El punto de vista siempre desde un observador exterior. Como algo ajeno.

Casi como si en todo momento nos encontráramos con un niño víctima inerme frente a las circunstancias de una vida que le había hecho daño, como en el tango.

Debatían luego el enorme valor que tiene en un trabajo terapéutico el vínculo que se crea con el terapeuta El artículo considera esos vínculos como inespecíficos, cuando en mi modesto entender son realmente, de una profundidad fundamental. Cuánto en ellos se recrean las relaciones más antiguas y primeras de la vida. Aquellas que dejan huellas indelebles en cada ser humano.

Muchas veces descubrir cuáles se recrean y con quién es un modo muy eficaz de ponerse en contacto con maneras de funcionamiento.

Y desde allí nos vamos al punto que quiero considerar que el artículo omite:

La responsabilidad personal.

Parto de la consideración de que saber que me pasa puede ser meramente descriptivo, Muy importante en un primer momento. Aprendo a reconocer las cartas de un mazo y las pongo en la mesa como en una partida de truco.

Repartí, las cartas ya están dadas y ahora hay que jugar.

En la mesa hay por lo menos dos jugadores y cada uno tiene que desplegar su juego. Si solo juega uno el otro perderá rápidamente la partida.

Ahora, si ambos jugadores asumen su rol protagónico el partido será entretenido y cada uno desplegará su estrategia.

Es un poco así el hablar de la responsabilidad personal: el otro pudo hacer muchas cosas por error, por gusto o por mera omisión, pero si me quedo quejándome de él y nada más lo dejo hacer…

Si en cambio, descubro algo de su juego y a partir de eso que se, lo uso para sobrellevar mi situación, jugar mi partida, tendré chances de jugar mejor y hasta de ganar.

Por supuesto que hay muchos imponderables en el camino de la vida.

Pero empezar por interrogarnos por lo que podemos hacer es un punto de partida que puede llegar a conmover aún a las rigideces más estereotipadas.

Para comentarios y sugerencias escribir a: caraoceca@hotmail.com


 
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