"Había una vez un hombre que conducía por un camino en el campo y de pronto una de las ruedas de su auto se soltó. El hombre salió de su auto sintiendo que estaba en un dilema total, pues no sabía cómo poner de nuevo la rueda en su lugar y se maldijo a sí mismo por no haber ajustado esas tuercas correctamente. De pronto, escuchó una voz que venía de atrás y decía: "¡Oye amigo! ¿Tienes algún problema?".
El hombre levantó la cabeza y vio a otro hombre sentado sobre un muro, y le respondió: "Sí, tengo un gran problema, pues tengo una cita urgente en el pueblo y una de mis ruedas se salió y no tengo tuercas de repuesto para colocarla nuevamente". El hombre sobre el muro dijo: "Quita una tuerca de cada rueda y entonces tendrás tres tuercas en cada una, lo que es suficiente para llevarte hasta el pueblo sin problema". El hombre del auto le dijo: "¡Por Dios! ¡Eres brillante! Nunca se me habría ocurrido eso". Arregló el auto, agradeció al hombre del muro y continuó su camino.
Al volver del pueblo, se sorprendió al ver al mismo hombre sentado en el muro. Paró, otra vez le agradeció su ayuda y le preguntó: "¿Qué haces sentado sobre el muro en la mitad de la nada?" El hombre replicó: "Detrás de la pared hay un asilo para enfermos mentales y yo vivo ahí".
El hombre del auto estaba impactado y dijo: "No es posible que estés en un asilo para enfermos mentales, eres obviamente un hombre inteligente ya que me diste la solución para arreglar el automóvil. ¿Por qué entonces estás allí?". Y el hombre sobre el muro respondió: "Todo tiene que ver con una teoría que tengo".
El hombre del automóvil le preguntó: "¿Qué teoría? Dime qué teoría".
El hombre del asilo sacó una cajita de fósforos y dentro había una cucaracha, a la que le ordenó: "Cucaracha, corre por mi brazo" y la cucaracha corrió por su brazo. Otra vez le ordenó: "Cucaracha, da un salto en el aire" y la cucaracha dio un salto en el aire. El hombre del automóvil estaba totalmente asombrado, y exclamó: "Eres un genio, ¿cómo lograste entrenar una estúpida cucaracha para hacer esos trucos?"Por favor, dame la cucaracha y déjame ver si hace lo que yo le pido que haga". Él le dio la cucaracha.
Y el hombre del automóvil ordenó: "Cucaracha, corre hacia el auto y vuelve" y la cucaracha corrió hacia el auto y volvió. "Cucaracha, sube por mi pierna", y la cucaracha subió por su pierna. El hombre estaba estupefacto: "¿Cómo es posible que estés en un asilo para enfermos mentales cuando has sido capaz de entrenar a un estúpido insecto para hacer estos trucos increíbles? ¡Eres obviamente un genio!" El hombre del asilo le respondió: "Tiene que ver con mi teoría".
Asombrado, el hombre del automóvil preguntó: "¿A qué te refieres con tu teoría? ¿Cuál es tu teoría?". El hombre del asilo levantó la cucaracha y despacito le arrancó cada una de las patas y le ordenó: "Cucaracha, sube por mi brazo", y la cucaracha se quedó ahí inmóvil. Entonces gritó: "Cucaracha, sube por mi brazo" pero la cucaracha no se movió. Lleno de ira tiró la cucaracha al suelo y saltó sobre ella gritando: "Cucaracha, sube por mi brazo, sube por mi brazo, sube por mi brazo" pero la cucaracha no se movió. Eventualmente se calmó y dijo: "Ésta es mi teoría, le arrancas las patas a la cucaracha y se vuelve sorda". Todo es cuestión de percepción, percepción, percepción." (Oye Dios! Es Hora de Despertar, Ascensión de los Ishayas, Sakti Ishaya y Bhushana Ishaya, 2002).
Vivimos en mundos interpretativos, donde cada uno de nosotros somos diferentes observadores de la realidad. Cada uno, influenciado por nuestra historia, creencias, cultura, intereses, etc. Vamos creando filtros, los cuales hacen que podamos ir observando y percibiendo de diferentes maneras.
Cuántas veces creemos que somos los dueños de la verdad y que sólo nosotros tenemos razón. Cuántas veces juzgamos al otro por pensar y actuar diferente que nosotros. Por qué es tan difícil darse cuenta que ante un mismo hecho, una misma situación, cada uno de nosotros puede tener diferentes opiniones; y que no hay ninguna que esté bien o mal, sólo son distintas percepciones de lo mismo. Si aprendiéramos a escuchar más y dejáramos de imponer nuestras ideas, tal vez podamos aprender de los demás entendiendo cuál es su lugar; y así podríamos observar una nueva realidad ampliando nuestras posibilidades.
rostro paranoico
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