Los días pasan, el año va llegando a su fin, se aproxima el 2011 -año electoral-, y nadie quiere terminar estos 12 meses sin un espacio en los medios y mucho menos, sin decir o comentar algo que le reditúe de alguna forma, bien o mal, y aparezca lindo en la foto del diario, o simplemente se hable en algún medio de comunicación de sus declaraciones, sean o no afortunadas.
La capacidad de asombro no tiene fin, como al parecer no tiene fin el decir tantas cosas -no importa qué-, por parte de nuestros dirigentes. Tal es así que leemos y escuchamos expresiones serias y responsables como otras realmente muy extrañas, pasando por las incomprensibles, las inentendibles, o simplemente las reiteradas, las confusas, las inesperadas, las contradictorias, las que solo buscan una respuesta que dé identidad a algunos dirigentes políticos y crear de esa forma una innecesaria polémica mediática.
Siguen también las constantes agresiones y descalificaciones que parece no logrará atemperar tampoco la llegada de las fiestas por la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Y durante los últimos años (si hacemos un poco de memoria o revisamos los archivos), esas actitudes mencionadas han sido el eje de las campañas políticas que no tienen comienzo ni fin, y camufladas entre reclamos de los vecinos o de propuestas basadas en la crítica al oponente y lamentablemente, escasas de propuestas coherentes y con un sincero objetivo social y constructivo. Acciones que son claramente constantes e interminables.
Existen acusaciones cruzadas en cuanto a que tal o cual sector ya está en campaña o que intenta posicionarse en su propio partido, pero en realidad, todos y cada uno de los personajes políticos están en plena campaña hace tiempo. Algunos desde ahora o desde hace unos meses. Otros arrancaron su campaña ni bien terminaron su descanso después de la elección anterior.
En ese marco es que se puede decir que el grado de agresión y descalificación en las declaraciones de todos y cada uno de los sectores o actores políticos, han sido en los últimos años, de lo nunca escuchado o leído por la gente de Campana.
A ello debemos sumar el desconocimiento (real o simulado) de algunos dirigentes políticos partidarios, sobre temas claves, como por ejemplo lo que hace a la presentación del presupuesto municipal para 2011, a las facultades del Departamento Ejecutivo y del Concejo Deliberante en ese sentido.
Es difícil creer que desde una de las fuerzas políticas históricas, centenarias de nuestro país, se desconozca por ejemplo, de las legalidades y facultades que hacen y rigen a la vida política y de gestión municipal o del Concejo Deliberante, incluyendo en algunas declaraciones aspectos que subestiman la inteligencia, conocimiento y capacidad de comprensión del lector, dejando expuestas algunas contradicciones que para estar involucrado en la vida política de la ciudad con miras a 2011, dejan mucho para analizar.
En esto reitero lo dicho hace ya algunos meses, donde expresaba -y lo sostengo- que la dirigencia política local es el fiel reflejo de un gran número de dirigentes nacionales que dan vergüenza. Una dirigencia que está por debajo de lo que la sociedad espera y necesita para volver a creer en la política, y que no puede sostener un debate serio y más aún, rechazan y se molestan ante la opinión, ante la observación, ante el comentario de la realidad que muchas veces se esconde o que no se publica o da a conocer. Una dirigencia que rechaza todo lo que opine o piense diferente hasta el punto de negar el diálogo.
Es preocupante todo esto. Pero mucho más lo es el ver, leer, escuchar, saber que las agresiones y descalificaciones no dejarán de existir ni bajarán su tono, mucho menos a medida que transcurra el 2011, y se comience a tirar nombres de posibles candidatos, o se vayan conociendo o confirmando candidatos a intendente y concejales. Pero deben comprender que descalificar al oponente no coloca a uno en mejor posición, a lo sumo lo puede dejar como el menos malo, nunca como el mejor.
La gente es inteligente y ve y presta atención a todo lo que sucede, mucho más de lo que muchos piensan. Y muchas actitudes están cansando al electorado que seguramente va tomando nota de estas cosas que muchas veces, dan vergüenza ajena.



