Buenos Aires (Especial de NA) -- El hecho de que Hugo Chávez haya sido el mandatario extranjero que más cerca estuvo de Cristina Kirchner tras la muerte de su esposo constituye una señal inequívoca de continuidad en la política exterior argentina.
Esa cercanía emocional y política con el presidente venezolano implica que la desaparición física de Néstor Kirchner no traerá aparejada una renovación de las relaciones internacionales argentinas como intuyeron descarnadamente los mercados al difundirse la noticia el miércoles pasado.
La relación con Chávez implicó durante el kirchnerismo dos caras: una profundización de la integración sudamericana, junto con un liderazgo incipiente entre los países emergentes y una toma de distancia de los círculos financieros internacionales, cuyo principal enemigo es precisamente el bolivariano.
Está claro que la jefa de Estado sostendrá el acertado rumbo latinoamericanista del proceso que iniciaron junto a su esposo en 2003. Pero lo que habrá que ver es si hay margen para correcciones que podrían favorecer al país.
Algunas comprobaciones sobre ese futuro llegarán en unos días -11 y 12 de noviembre- cuando Cristina Kirchner participe de la Cumbre del G-20 en Corea del Sur.
Formará parte de esa reunión luego de haberse negado sistemáticamente a permitir el monitoreo de las cuentas públicas por parte del FMI, requisito reclamado por varias potencias para sellar un acuerdo dentro del Club de París que finalmente sacaría a la Argentina del default.
Esa era una postura férrea de Kirchner que Cristina compartía. Por eso el Gobierno viene buscando desde hace ya un año una ingeniería que le permita mostrar sus cuentas al G-20, cuyo órgano financiero de cabecera es precisamente el FMI y no directamente al Fondo, pero hasta el momento no encontró eco.
Habrá que ver si la diplomacia alumbra alguna solución al respecto. Sería importante dar señales a los mercados sin necesidad de claudicar ante la tecnocracia.
Si bien no vienen de un default trágico como el argentino, eso es lo que hicieron Brasil, Chile, Uruguay y Perú y hoy están un eslabón por encima nuestro en aspectos importantes como la Inversión Extranjera Directa (IED).
Un informe públicado la última semana por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) indicó que la IED creció en un promedio de once países de la región 16,4% durante el primer semestre de 2010, en relación a igual período de 2009.
En dólares, el aumento fue de más de 7.000 millones, al pasar de US$ 43.241 millones en 2009 a US$ 50.345 millones.
En el desglosado se ven las diferencias de confianza entre los países: la Argentina totalizó US$ 2.174 millones con un crecimiento de 7,8% -la mitad del promedio- y por debajo en números absolutos de Brasil (17.310 millones), México (12.238), Chile (8.029), Colombia (4.115) y Perú (3.444).
Los propios voceros del gobierno señalan que uno de los objetivos del entendimiento con el Club de París es quitar uno de los diques principales para la inversión extranjera. Como en economía todo es un círculo, ese escenario propicio aumentaría la oferta y serviría de antídoto contra la inflación.
La Agenda
. La agenda internacional hasta fin de año de Cristina Kirchner, antes del deceso de su esposo preveía una visita de Estado a Vietnam el 8 y 9 de noviembre, en respuesta a la efectuada el 16 y 17 de abril pasado por el premier vietnamita Nguyen Tan Dung.
Luego se trasladará a la reunión del G-20 en Seúl y el 26 de noviembre irá a Guyana a participar de la Cumbre de Unasur, donde se espera que surja el nombre de quien reemplazará a Kirchner en el cargo de secretario general.
El brasileño Luiz Inacio Da Silva, Lula, cuando deje su cargo en enero de 2011, los chilenos Michele Bachelet y Ricardo Lagos y el uruguayo Tabaré Vázquez son algunos de los candidatos.
Finalmente, a comienzos de diciembre será anfitriona de la Cumbre Iberoamericana de Mar del Plata, a cinco años de aquella otra reunión de las Américas en la que Kirchner y Chávez fueron las voces más sonoras contra la adopción de un tratado de libre comercio para el hemisferio llamado ALCA.



