Impulsados por la industria farmacéutica, que ha sabido encontrar una nueva veta en las afecciones neuropsiquiátricas y por los gobiernos que con preocupación ven multiplicarse el número de personas que deben abandonar sus actividades productivas a causa de este trastorno, los expertos en neurociencias se han lanzado en la última década a develar las bases biológicas de lo que la psiquiatría ha dado en llamar ataque de pánico.
Esta afección que, según los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, afecta nada menos que a 1,7 millón de norteamericanos o, puesto en términos más globalizables aportados por expertos de la prestigiosa Clínica Mayo de Rochester, alcanzará entre el 10 y el 20% de las personas adultas en algún momento de su vida, parece haberse puesto de moda desde que se demostró que muchos fármacos antidepresivos resultan efectivos para mitigar sus síntomas.
Así, no pasa semana en la que el "panic attack" no se gane un lugar en algunas de las tantas revistas científicas. Las informaciones dan cuenta de fallas en neurotransmisores, pero a los lectores comunes lo que más nos interesa es que es algo más que un simple síntoma que nos limita en nuestras vidas.
¿Cuáles son los síntomas del ataque de pánico? Van desde palpitaciones rápidas o violentas, dolores en el pecho, vértigo, mareo o náusea, dificultad para respirar y entumecimiento en las manos, hasta sofoco o escalofrío y este es uno de sus síntomas centrales, un intenso miedo a morir. Esto es lo que experimentan quienes atraviesan estos episodios que pueden durar minutos u horas, y que después dejan a las personas cansadas, exhaustas, como si les hubiera pasado por encima un camión.
Existen otras formas de abordar estos síntomas; a principios del siglo veinte Sigmund Freud habló de estos síntomas como equivalentes somáticos de la angustia; en todo caso, lo que hace esta definición de ataque de pánico es hacer de la angustia una señal de que algo pasa y que forma parte de la estructura psíquica de quién lo siente y en tanto se pregunte los por qué de esas sensaciones podrá comenzar un recorrido donde pueda ser escuchado.
A veces es necesaria la medicación, pero el problema es que si no se profundiza aquello que causa la angustia el pánico vuelve. Entiendo que la palabra puede ayudar a transformar la angustia en pensamiento y disminuirla sensiblemente hasta eliminarla por completo.
No podemos garantizar que con la toma de tantas entrevistas como píldoras podrán resolverlo. Sí, a generar un espacio de trabajo que tienda a un compromiso y con él, mejores opciones para comprender de qué se trata y desde allí hacer algo.




