Las crisis son cíclicas en la Historia Económica. La forma en que las naciones resuelven sus crisis representa la visión de futuro sus líderes y la calidad institucional de la República. En tal sentido, el año 2001 no pasará inadvertido para la Historia Argentina. Entre 2007 y 2008 una crisis financiera sin precedentes se apoderó del mundo. Parecía que todo el sistema capitalista, como se lo conocía hasta entonces, iba a cambiar radicalmente. Líderes de países importantes empezaban hablar de un sano "proteccionismo", de cerrar las fronteras al comercio internacional y al movimiento de personas. Nuestra Presidenta pretendía dar clases de cómo se hacen bien las cosas. Sin embargo, nada de ello pasó. El mundo tiene problemas, pero las soluciones van apareciendo sin necesidad de cambios radicales, sin destituciones de presidentes, sin resquebrajar los sistemas legales que sustentan la vida de las naciones civilizadas. En Argentina, sin embargo, se aprovechó para comenzar un camino que nos condiciona hasta el día de hoy. El denominado modelo productivo (inicialmente impuesto por la fuerza y no por los votos) se apoyó en el uso de la capacidad instalada por las inversiones de la década previa (muy bajo por la recesión de entonces), y en un contexto internacional que a partir de 2002 comenzó a ofrecer los mejores precios internacionales que nuestra producción había conocido, combinados con las mejoras en el tipo de cambio que provocó la devaluación del peso. Hubo crecimiento, pero a nivel de la economía en general ese crecimiento se basó en el uso de la capacidad productiva más que en nuevas inversiones. Este dato es clave. Hace unos días se realizó en nuestra ciudad la Exposición del Polo Estratégico-Industrial de Zárate-Campana. Allí se pudo ver una muestra de la destacada capacidad productiva de la zona. Puede aseverarse, sin embargo, que si nuestro país aprovechara las oportunidades que el mundo le ofrece, con buena gestión, en 5 años no alcanzaría el predio para albergar a las empresas expositoras. Para reflejar el comportamiento de la inversión en el país, los sectores que más inversiones recibieron, como el automotriz, se apoyaron en un Régimen ideado en la década de los 90´s. Entonces, qué hicieron los Kirchner? Claramente desaprovecharon las oportunidades que el mundo nos ofrece. Mientras en estos años Brasil, Chile y Perú, por ejemplo, avanzaron para convertirse en economías que atraen la inversión externa y se destacan por la fortaleza de sus empresas en el mundo (inversores peruanos, por caso, han estado comprando recientemente empresas en nuestro país), en nuestro país hemos visto como empresas emblemáticas pasaban a capitales extranjeros. No es malo que haya capital extranjero que invierta en el país, pero cuando lo hace en empresas existentes y en forma masiva eso implica otras cosas: que el empresario nacional no puede competir con las empresas de otros países, y que no tiene confianza en el país. Durante los gobiernos de Duhalde y Kirchner, por citar algunas, empresas tradicionales y de sectores estratégicos como Acindar, Quilmes, Alpargatas, Grafa, Swift, Quickfood, Loma Negra y Pecom transfirieron el control de su capital a extranjeros, en especial a capitales brasileños. En paralelo, mientras los empresarios nacionales tradicionales se retiraban, aparecían unos nuevos, ligados a las relaciones con el Estado, es decir expandiéndose en base a favores más que a sus capacidades empresarias. En el centro del debate está el denominado modelo productivo que de productivo tiene sólo el nombre. Con estadísticas dibujadas la inflación real es desorbitante, sólo comparada en la región con Venezuela. El retraso de los precios de productos y servicios, y de los salarios es más que evidente. La desinversión en infraestructura ya genera problemas a las empresas (falta de gas, de electricidad, etc.) El tipo de cambio real (descontada la inflación) está en los mismos niveles de 2001. El empleo público aumentó pero no sirvió para mejorar la calidad de las prestaciones del Estado, sino para hacer política con las necesidades de las personas. Y si esto no fuera poco, el gobierno ataca abiertamente a las empresas (en forma directa o a través de su sindicato predilecto, como en el caso del hostigamiento a Techint, una de las pocas empresas argentinas que durante años profundizó su inserción internacional, a consecuencia de sus aciertos de gestión más que de apoyo oficial) y a sectores enteros como el agropecuario. Este último es el mejor ejemplo de la capacidad destructiva del llamado modelo: la producción ganadera ha disminuido al punto de que Uruguay exporta más que Argentina, se habla de escasez de carne y pasamos a ser irrelevantes en el comercio internacional de un producto que por años nos tuvo como jugadores principales en los mercados del mundo. La realidad es que no existe modelo. El Ministro de Economía Amado Boudou hace política en la Provincia de Buenos Aires. El Canciller Timmerman está más enfocado en la política interna del país que en abrir mercados para nuestros productos. La sociedad está confundida. Suena bien "modelo productivo". Si a un sistema que destruye la riqueza de un país lo llamamos "productivo" vamos a confundir a mucha gente. Ese es el mayor mérito del gobierno actual. contacto@campanaunionpro.com



