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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 29/ago/2010 de La Auténtica Defensa.

29 de agosto: "Dia del Abogado"






 Juan Bautista Alberdi

Aunque parezca una frivolidad y para muchos incluso un acto de soberbia coorporativa, la celebración del día del abogado no solo involucra estrictamente a quienes ejercen la actividad profesional, sino que transciende y compromete a toda la sociedad.

Y basta para afirmar ello con advertir que "Abogado" proviene del latín "Advocatus" y significa "llamado en auxilio".-

En nuestro pais, el dia del abogado se lo festeja desde el 19 de diciembre de 1958, cuando la Junta de Gobierno de la Federación Argentina de Colegios de Abogados aprobó por unanimidad el despacho de la Comisión Especial integrada por los Dres. Eduardo García Araoz, Luis A. Rassol y Policarpo Yurrebaso Viale, que aconsejaba consagrar como "Día del Abogado" para todo el país, el 29 de agosto de cada año, fecha en que naciera el insigne jurista Juan Bautista Alberdi, recomendándose a los Colegios federados la colocación en su sede del retrato del constitucionalista como consagración a su memoria y ejemplo de virtudes republicanas y democráticas.

Es importante destacar que este año también es el bicentario de su nacimiento.-

Juan Bautista nació en Tucumán el 29 de agosto de 1810 y a los 14 años obtuvo una beca para estudiar en el Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires (hoy Colegio Nacional). Luego siguió abogacía en la Universidad pero al completar sus estudios, el gobierno de Juan Manuel de Rosas impuso un juramento de fidelidad al régimen federal como requisito para la habilitación profesional y Alberdi, que había sufrido ya como periodista el cierre del periódico La Moda, no quiso aceptar otra humillación y prefirió marchar al destierro. En 1838 subió al bote que iba a acercarlo hasta el barco que hacía la carrera a Montevideo y, todavía a la vista de las autoridades y público del puerto, tiró al agua el cintillo punzó que se exigía como de uso obligatorio. En la capital uruguaya trabajó en un diario e impulsó la expedición encabezada por Juan Lavalle, pero ante el fracaso de la misma revalidó su diploma de abogado y vivió de sus honorarios. Al producirse el sitio de Montevideo por las tropas rosistas encabezadas por Manuel Oribe, Juan Bautista viajó a Europa y luego se radicó en Valparaíso. Había llegado a Chile con sus últimos ahorros y ejerció el periodismo para sustentarse, pero al poco tiempo presentó una tesis sobre El Congreso Americano en la Universidad y se dedicó intensamente a la abogacía. Su talento lo hizo distinguirse en el foro y llegó a ser el profesional mejor remunerado de la ciudad. Con sus ingresos se compró la quinta Las Delicias, en donde recibía los domingos al mediodía a los emigrados argentinos y sus familias. Allí se enamoró de Matilde, la hija de su amigo Carlos Lamarca.

Cuando Urquiza derrotó en Caseros a Rosas, Alberdi escribió Bases y Puntos de Partida para la Reorganización Institucional, sugiriendo la implementación de un programa republicano que estableciera la libertad de cultos, el liberalismo económico y el fomento de la inmigración. En relación a la educación, proponía dejar a un lado la instrucción humanística, para acentuar la formación de artesanos que supieran labrar la tierra y construir caminos, puentes y ferrocarriles. No necesitamos abogados, sino técnicos, sostuvo tajantemente. En 1855, el presidente Urquiza le pidió que viajara a París como embajador para evitar que las naciones europeas reconocieran a Buenos Aires como nación independiente. Hacia allí partió el tucumano directamente desde Valparaíso, sin regresar a la Argentina. Cuando Mitre venció a Urquiza en Pavón y el país se unificó bajo su mando, decretó la cesantía del diplomático. Al producirse la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, Alberdi condenó la actuación argentina. Dijo que era una confrontación absurda, hecha por la vanidad de los gobernantes, y que si algún país tenía algo de razón, era más bien el Paraguay.

El gobierno argentino presidido por Mitre lo acusó de traidor a la patria y Juan Bautista debió permanecer exiliado en Francia otros catorce años. Después de la confrontación franco-prusiana escribió El crimen de la guerra: con estilo de abogado fue encadenando los argumentos para demostrar que la guerra no es un derecho, sino un delito; y que la justicia sólo es tal cuando es impartida por un tercero imparcial. Recién en 1879, cuando estaba a punto de cumplir los 70 años, arrastraba los pies y era una figura legendaria, Alberdi regresó a su patria. Había pasado 41 años en el extranjero, aunque siempre escribiendo sobre su país. En la Facultad de Derecho de Buenos Aires pronunció la conferencia: La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual. Pero la emotividad de sus años le impidió completar la lectura y le pidió a Félix Frías que terminara de leer las cuartillas que él había preparado. No tenía fuerzas tampoco para empezar de nuevo a litigar. Volvió a París, donde murió solo y soltero, en una casa de salud del suburbio de Neully Sur Seine, el 29 de junio de 1884.

Resistió los abusos de la dictadura y criticó los errores de los gobiernos democráticos. Diseñó la arquitectura constitucional de la república y exaltó la armonía entre las naciones. Aunque nunca ejerció la profesión en su país, dejó a los abogados la mejor de las lecciones: defender la paz y el sistema republicano, aun al costo de sufrir en carne propia el destierro y las persecuciones.


 
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