El gobierno está dando muestras de que va por todo lo que queda. Hagamos memoria de algunos hechos importantes: el cambio en la composición del Consejo de la Magistratura (para controlar los nombramientos y remociones en el Poder Judicial); la intervención del INDEC (para dibujar las cifras, tapando el cielo con las manos); la estatización de las AFJPs (para usar la caja para cualquier cosa menos para los jubilados, como quedó demostrado por los hechos); los cambios en la ley de Radiodifusión (principalmente orientados a atacar grupos de medios "no oficialistas"); la estatización del futbol (una medida cara puesto que pagan todos los argentinos); los ataques del subsecretario Moreno a innumerables empresas; el asedio a Mauricio Macri a través de jueces "amigos" (los mismos que sobreseyeron a los Kirchner en las causas de enriquecimiento y que fueron "salvados" por aquel Consejo de la Magistratura controlado por el oficialismo) entre otras medidas lesivas para el funcionamiento del Estado de Derecho. Como se viene anunciando, en los próximos días la escalada contra los medios tendrá como blanco principal a Papel Prensa (la empresa proveedora del papel para los diarios) donde el Sr. Moreno ejerce el patoterismo en representación del gobierno, hostigando a los empleados de la empresa. Claramente la estrategia del gobierno es acelerar las medidas que le permiten sumar poder sin importar el precio. Obviamente el costo de este desprecio por las instituciones y las personas es alto y lo pagamos todos. Tiene un costo en términos de de gestión (no existe un plan de desarrollo, se gestiona el conflicto pero no el Estado) y llevan al Estado a acciones ilegales que en un futuro no muy lejano terminaremos pagando todos los argentinos (por su daño a la institucionalidad, y por los juicios que se engendran). Así, mientras el gobierno inventa angeles y demonios para retener un poder que paulatinamente se la irá de las manos, sus ministros (con muy raras excepciones) se ocupan de seguirlos sin límites. Ahora el Ministro Boudou está en "campaña". Es decir, nadie se ocupa seriamente de la economía. Las empresas pierden día a día rentabilidad, el tipo de cambio se atrasa y la inflación real aumenta los costos: el tejido productivo está cada día más resentido. El correlato social de la alta inflación es un aumento de la indigencia y la pobreza. Lamentablemente, mientras más se ocupan de conservar el poder, más lo descuidan porque la ausencia de pensamiento estratégico no se puede sustituir con tácticas de salón, efectivas por un corto tiempo pero con costos (incluso costos políticos) al final del día. Se aproxima el tiempo para que los dirigentes del partido oficialista desembarquen a tiempo (siguiendo a algunos "adelantados" como Felipe Solá y Sergio Massa); para que la oposición comience a construir grandes consensos y para que, en definitiva, comience el proceso para que las urnas terminen con tanta destrucción dando lugar a un país más normal, a tono con la región del mundo en que vivimos.
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