Muchas veces, "siento" como si viviese encerrado dentro de una pesadilla, y, por tal motivo, considero necesario reflexionar sobre esa "sensación".
Si nos detenemos algunos instante a analizar la realidad en la que vivimos, posiblemente nos sorprenderemos viendo la enorme cantidad de elementos técnicos (casi fantásticos) que nos rodean y con los que convivimos, y que hasta hace unos pocos años sólo era posible imaginar o, en el mejor de los casos, ver en una película de cienciaficción.
El hombre en la Luna, caminatas espaciales, observar "en vivo y en directo" por TV lo que ocurre al otro lado del mundo, conversar con distintas personas mediante un teléfono o una computadora, independientemente del lugar del planeta en el que se encuentren; la existencia de aparatos que permiten a los médicos "ver" a los enfermos como si seccionasen sus cuerpos con una máquina de cortar fiambre, y otros con los cuales pueden efectuarles complejas operaciones en el corazón, cerebro u otros órganos, introduciéndolos en sus cuerpos a través de una pequeña incisión practicada en el vientre o una arteria.
Y como eso, muchas, muchísimas cosas más.
Sin duda alguna, son aspectos realmente sorprendentes y (por lo menos para quienes llevamos "algunos" años transitando sobre este bendito planeta) si cuando éramos chicos nos los hubiesen mencionado, hasta habríamos dudado de que resultara posible lograrlos.
Pues bien: es indudable que todos esos dispositivos hacen que vivamos de una forma que podríamos considerar mucho más "perfeccionada" que como lo hacíamos antes. Sin embargo, si reflexionamos sobre otros aspectos de esa misma realidad (y que son los que he utilizado para titular este texto), vemos que no es "tan así", hecho que me lleva a preguntar cuál es el motivo que nos impide usar algunos avances técnicos en la investigación de los delitos, para lograr reducir la corrupción, la inseguridad y muchas otras cuestiones similares.
Y no se crea que es una ilusión mía o una simple utopía, sino que radica en el uso de un aparato que existe y que es conocido como polígrafo o detector de mentiras.
Me dirán que no es perfecto, y puede ser que sea cierto. Pero yo pregunto: ¿Hay algo que lo sea? Y, en todo caso, ¿por qué no se destina tiempo y dinero para perfeccionarlo?
Por otra parte, si fuese cierto que no resulta confiable, ¿por qué lo usan tantas empresas en el mundo en cuestiones laborales, pagando gruesas cifras por tal servicio y también lo hacen muchos organismos de seguridad (DEA, FBI, CIA, etc.)?
Se dirá que lo prohíbe la cláusula constitucional que establece que "nadie está obligado a declarar contra sí mismo". Pues bien: cabe recordar que no basta con leer una ley, sino que es necesario analizar los motivos que se tuvieron para establecerla. Y me permito transcribir un párrafo de un libro que publiqué: "O sea, que es necesario comprender que, detrás de cada ley, de cada norma, de cada principio jurídico, debe existir siempre un contenido, una razón, un motivo ético, algo socialmente valedero: el respeto al ser humano, a la convivencia y a la sociedad, y que es eso, precisamente, lo que constituye el trasfondo que explica y justifica su existencia".
Y, en ese sentido, no hay duda de que esa disposición constitucional no fue establecida para convalidar la mentira, sino, simplemente, para evitar que se torture al imputado. Y, si se duda de lo afirmado, invito a verificarlo, cosa que se podrá hacer leyendo cualquier texto o manual de derecho constitucional.
Por otra parte (y aun si fuese cierto que esa es la razón por la que no se lo utiliza), pregunto: ¿Por qué no se permite su uso ni siquiera cuando es el propio inculpado quien pide ser investigado con ese dispositivo?
No hacerlo ni siquiera en esos casos muestra a las claras la falacia del argumento, ya que es obvio que nadie lo obliga a declarar contra sí mismo, sino que sería el propio sospechado quien reclamaría su utilización para probar su inocencia.
Y con respecto a este último tipo de situaciones y siendo conscientes de la posibilidad de que existan errores en las detenciones o condenas judiciales (hechos que lamentablemente ocurren, como muestran cada tanto los medios de prensa), me parece que el no hacerlo, aunque más no fuera en esos casos, es algo totalmente incorrecto y afecta la dignidad del ser humano, ya que en más de una oportunidad quedan detenidas o condenadas personas que son absolutamente inocentes de los hechos que se les imputan.
Sin duda, si realmente queremos mejorar nuestra forma de vida, debemos detenernos a pensar seriamente en esto.
Aclaro que soy perfectamente consciente de las dificultades que surgirían para aprobar el uso de ese aparato, y por eso estoy dispuesto a aceptar que se lo aplique sólo hacia el futuro; es decir, para los delitos que se cometan de ahora en adelante (salvo los casos de investigación que involucren a menores como víctimas --abusos, desapariciones, etc.--, ya que no hay nada, absolutamente nada, que justifique esos hechos). Y no es que lo acepte de esa forma de puro bueno que soy, sino porque comprendo que lo óptimo es enemigo de lo bueno y por eso me conformo, aunque más no fuera, con "lo bueno".
Finalmente, una aclaración más: Hay otros elementos y datos que podría suministrar ya que, incluso (y sin considerarme un experto en la materia ni mucho menos), he publicado un librito ( El detector de mentiras, fin de la inseguridad y la impunidad ) y diversos artículos al respecto. Muchos de ellos pueden ser consultados en el blog que más abajo se menciona....
Mario Enrique Bruzzone (www.jesusescomunidad.com.ar y https://blogs.periodistadigital.com/la-locura.php y marioenriquebruzzone@gmail.com) es abogado; reside en Sierra de la Ventana.



