Sr. Director:
Espero considere oportuno dar a conocer a sus lectores este, mi parecer, acerca de un tema que nos preocupa a todos los campanenses.
Uno es dueño de las palabras que calla, pero esclavo de las que pronuncia.
El señor Cazador, eterno candidato a Intendente de mi ciudad, ha agotado mi capacidad de sorpresa.
Reconozco que uno puede y hasta debe ser, fogoso, vehemente, metedor, frontal, encarador, etc. etc., al momento de enfrentar las embravecidas olas del proceloso mar de la política. Más aún cuando se boga por estas costas campanenses, en las que se mueven (como pez en el agua, si se me permite la obviedad) desde hace años, verdaderos y muy experimentados "tiburones" políticos locales, a los cuales, el empecinado edil, no ha logrado aún vencer.
Recapitulando, digo entonces: puede ser Sr. Cazador de cualquiera de los modos dichos más arriba, y, tal vez, hasta algo más, pero una sola cosa no puede: no puede ser imprudente.
La prudencia en un político, debe ser, al menos, el doble de grande que su boca. Pero el ppal. edil opositor, parece no reparar en estas minucias. Así, ganado por la mayor de las imprudencias, ha lanzado a los cuatro vientos (como toda vez que le acercan un micrófono) un vendaval de admirables zonceras del mejor estilo Jauretchiano. Tanto lo han sido, que las mismas han provocado, además de la inesperada sorpresa, la algarabía generalizada de nuestros vecinos zarateños. Que no esperaban, ni en sus sueños mas febriles, encontrar en nuestras filas campanenses, al mejor defensor de su causa.
Dicho esto, no me extenderé en comentar los sucesos que ya todos conocemos. Ni voy a pedir que el edil recapacite, ya que, esta, a la luz de los hechos, parece ser una actitud totalmente fuera de su alcance.
Pero si espero, por el bien de la política campanense, que entienda y acepte (si es que desea seguir haciendo política) que, una vez más, al peor Cazador se le escapó la liebre.
Carlos H. Zilli.
DNI: 14 249.281.



