Aprender a meditar, incorporar la meditación a nuestra vida, es sumamente poderoso.
Meditación dinámica (en movimiento), con sonidos primordiales (mantra), con mandalas, concentrándose en la respiración, practicando yoga, bailando, etc.
Cuando incorporamos sinceramente la meditación a nuestra vida, logramos silencio interior que nos permite el manejo de las emociones.
Cada emoción afecta un órgano: la ira afecta al hígado, el miedo a los riñones, la preocupación al bazo, etc.
Meditar es conectar con el alma. Vivimos desde el nivel del ego. Pero el ego es la periperia, el alma es el centro, es como el eje de una rueda. Permanece inmóvil para permitir que la periferia se mueva. El alma es eterna e inmutable.
Venimos a este mundo a aprender lecciones, muchas veces dolorosas pero le duelen al ego, no al alma.
El alma es como la flor de loto, que permanece blanca sin marcharse aunque crezca en el barro.
Cuando conectamos con ella, a través de la meditación, entendemos que creer es crear.
Nos enseñaron a vivir un mundo de decretos y creencias. Y las creencias son solo eso, por eso se pueden cambiar...
Bioquímica Mónica A. Rímoli
Postgrado Medicina Ayurveda (U.B.A.)



