Muchos son los estudios que hablan de un mayor rendimiento escolar ante la práctica del bilingüismo.
En un estudio realizado en Madrid, donde se tomó una evaluación anual a todos los colegios, dio como resultado que los alumnos de colegios bilingües obtuvieron calificaciones significativamente más altas en asignaturas que cursan en español, como literatura o matemáticas, que los alumnos de colegios que no tiene este modelo educativo.
El aprendizaje de un idioma extranjero bajo un modelo de educación bilingüe, estimula exponencialmente el aprendizaje de otras disciplinas.
En una investigación, semejante a la anterior, realizada en Estados Unidos (1973), el resultado del programa muestra en general beneficios en el conocimiento de las palabras, la lectura, la lengua, la ortografía, los cálculos, conceptos y la solución de problemas matemáticos y en ciencias sociales después del primer año de trabajo en forma bilingüe.
Otras investigaciones recientes sobre el modo en que el aprendizaje de una segunda lengua afecta el desarrollo cognitivo confirman que aprender idiomas implica un tipo de ejercicio para el cerebro a través del cual se ve afectado favorablemente.
Científicos del University College de Londres, luego de examinar un grupo de personas bilingües y monolingües, sostienen que el conocer un segundo idioma altera positivamente la estructura del cerebro específicamente en el área del procesamiento de información a la vez que mejora la "plasticidad cerebral". Diversos aportes de las neurociencias permiten afirmar que el conocer idiomas requiere la participación de muchas regiones del cerebro y están implicadas las áreas clásicas del lenguaje. Como consecuencia de la estimulación de estas áreas los niños bilingües tienen una mejor capacidad de selección de las respuestas y una mayor habilidad para llevar a cabo tareas simultáneas.
De lo antedicho se desprende que el aprendizaje de una segunda lengua influye positivamente en el desarrollo de ciertas capacidades cognitivas.
Teniendo esto presente, es interesante analizar qué implicancias tiene para un niño que aprende, el hecho de estudiar bajo un modelo bilingüe.
Hay muy buenas razones para que a un niño en edad temprana sea introducido a una lengua extranjera. Fonológicamente hablando, el primer año de vida es el ideal para que adopte la pronunciación de dos o más idiomas. Desde el nacimiento hasta los tres o cuatro años es el momento en que las estructuras gramaticales de una o más lenguas parecen instalarse en el cerebro.
Los niños de entre cuatro y 6 años de edad tienen un enorme potencial como aprendices de un segundo o tercer idiomas. Por cierto, ellos están viviendo un período en el cual varias ventanas de aprendizaje están abiertas aún. Esto implica que pueden incorporar estructuras de un nuevo idioma inconscientemente, y por eso con relativa facilidad.
Ante esta clase de estudios, muchos de los cuales comenzaron varias décadas atrás, es importante que desde el ámbito de la educación nos preguntemos cuáles son las características que debe asumir el ámbito educativo en el mundo globalizado en que nos toca vivir.
La posibilidad de desarrollar la práctica de una segunda lengua, no sólo como objeto de estudio, es decir, tenerla en la currícula como una materia más, sino que estudiarla para poder utilizarla desde otras disciplinas como Matemática, Literatura, Historia, etc., debe llevarnos a la reflexión de cómo debemos trabajar para que este tipo de experiencias estén al alcance de los niños, y así poder brindarles las herramientas necesarias para concretizar un aprendizaje significativo para ellos y la sociedad en que viven.



