Bien sabemos que los chicos que concurren a las escuelas de futbol, al final de la hora quieren jugar un partidito a la pelota, eso es normal y siempre es el anzuelo de todo instructor, cuando los chicos se cansan de las palabras y las instrucciones o simplemente se están aburriendo. El partido del final de la"clase" es lo mas esperado por todos.
Lo difícil de todo esto es formar los equipos. Por eso a veces, los instructores delegan esa condición a algún niño que se haya portado bien, o al que se lo pide primero o al que se porta mal y para que se quede un poco quieto le dan ese "premio" o simplemente elijen al azar.
Pero los niños dicen la verdad y son crueles, potenciando su yo en el juego, en este juego que es el futbol o mejor dicho la pelota, e imitando a los adultos, va a seleccionar para triunfar, potencializarse y sentirse mayor.
El instructor selecciono a cuatro niños para que formen sus equipos, el resto del grupo permanecía expectante, esperando ser elegido por el elegido del "profe". Entre los cuatro niños "seleccionadores" se encontraba Maxi., que era muy reconocido por sus compañeros porque jugaba mejor que varios y casi todos quería ser elegidos por él. Y así empezó la formación de los equipos, fueron eligiendo uno cada uno, hasta que quedaron pocos, entre ellos estaba un niño de zapatillas grandes y pantalones pisados por sus talones, que se llamaba Miguel, que no era muy talentoso en el juego y su timidez e introversión le jugaban en contra en este "pan y queso" siglo XXI.
Maxi se empezó a poner nervioso porque veía que quedaban pocos en el grupo y golpeando la pelota con gesto fruncido dijo "Ufa…! me quedan todos los pelot…!!, en ese instante Miguelito se dio cuenta en que condición quedaba respecto a su compañero y en que orden de consideración y prioridad estaba respecto a los demás, entonces bajó la mirada y como era el último, a nadie le importo para que equipo iba a jugar…ni siquiera al instructor…caminó lentamente hacia la mitad de la cancha , se sacudió los pantalones pisados, se ato las zapatillas que le quedaban grandes y disfruto tanto del juego como los que seleccionaron antes que él, su condición de callado, hizo que no gritara por los goles que no se hacían ni criticaba a sus compañeritos por una pelota perdida o un mal pase, eso se lo dejo para Maxi. Hoy Miguel sigue concurriendo a la escuelita de futbol, con sus enormes zapatillas y sus pantalones empecinados en caerse, todos lo reconocen y lo siguen porque es fiel a su condición, nunca se enoja ni protesta y cuando juega prefiere amigos antes que talentos. A Maxi lo vi con una raqueta participado en una clase de tenis, un deporte más individual y donde no tendrá que seleccionar a ningún compañero y si protesta y grita será contra él mismo…
HASTA LA PROXIMA
NESTOR OSCAR BUERI
Observador y Coordinador de Grupos
Psicólogo Social
nbueri_ps@hotmail.com



