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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 31/ago/2003 de La Auténtica Defensa.

¿A cuántos peces gordos ha dejado de juzgar?: 
Chicos Malos  
Por: Soledad Elías Leguizamón




"Violencia en guardapolvo": así se tituló esta semana uno de los tantos graves incidentes que ocurren diariamente en escuelas primarias y secundarias. Chicos violentos, jóvenes que comparten una picardía que "sale mal". Soluciones típicas, visitas terapéuticas al psicopedagogo del establecimiento y amonestaciones correspondientes.

Un chico de 11 años de edad que le pegó a su maestra cuando ésta intentó parar una pelea entre él y otro alumno ocurrida en un recreo. Dos chicas, de 13 y 16 años, que se pelearon a la salida del colegio y la primera punzó en el abdomen a la segunda con un alicate. Tres chicos de 15 años, que para boicotear un examen lanzaron una granada de gas dentro del aula, el resultado: veinte jóvenes heridos.

La violencia con la que convivimos es tan grande que los más chicos la absorben con la ingenuidad que caracteriza sus edades. No se trata solamente de una crisis económica que afecta nuestro trabajo, salarios y la economía del hogar; estamos bailando en una crisis de alto nivel social, que además de afectar a la clase media -inolvidable en aquel diciembre -, se cuela entre los más débiles, que a su vez son los que tienen el poder para hacer del futuro lo que les plazca.

Cierto, es que malos hubo y habrá siempre, y que el término "violencia" no se creó en este último tiempo. Pero cierto es también, que últimamente el peligro que circula en las calles no se controla tan fácil, o por lo menos, no está la gente adecuada haciendo este trabajo de control.

Nadie es perfecto, ningún ser humano lo es, todos podemos equivocarnos y hacer cosas que no debemos, pero, ¿dentro del propio cuerpo policial? Puede ser que una, dos, ¿cuántas veces más debemos soportar equivocaciones dentro de la organización que está entrenada justamente para evitar este tipo de alteraciones? Enriquecimientos ilícitos, eso no pasa dentro de la llamada "gleba", esas son cosas que sólo ocurren entre las personas que tienen acceso a un poquitito de poder, y lo explotan en propio beneficio. Ataques sexuales, violaciones, estos casos sí ocurren en las calles, entre la gente común, pero claro, el poder brinda bastantes más beneficios y en estos casos específicos, es más difícil ser imputado. En el transcurso de un año fueron veintidós las víctimas por abusos sexuales y violaciones, cometidos por un solo hombre, un policía cordobés, y recién en esta semana empezó el juicio. El imputado que todavía se considera inocente y atribuye la culpabilidad de los sucesos a "alguien parecido a él", deberá enfrentar las acusaciones de las mujeres y niñas.

Es irrefutable la crisis social que está atravesando el país. La desocupación, el hambre, la indignación, claro que van a colarse en desesperación, robos, descontento ¿Pero a qué se le atribuyen los crímenes en los ámbitos de poder? El ministro de Seguridad, anunció que los comisarios y subcomisarios deberán declarar sus bienes, ¿quién se hará cargo de los policías con trastornos mentales? Si el que debe dar el ejemplo se comporta irregularmente, puedo llegar a comprender la conducta de los jóvenes que buscan identificarse de alguna manera.

Comentarios y sugerencias a: mi_kolumnita@hispavista.com


 
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