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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 31/ago/2003 de La Auténtica Defensa.

Mirada Animal: 
De perros y gatos - Parte II  
Por: Centro de Zooterapia Campana




En el artículo anterior señalamos algunas diferencias y similitudes entre el lenguaje perruno y el lenguaje gatuno, y dijimos que gran parte de los problemas que surgen entre ambos se debe a la interpretación que unos hacen del lenguaje de los otros. Continuamos entonces desarrollando estas vías de comunicación que poseen ambas especies.

Como lo expresamos, las posibilidades de que se generen conflictos se incrementan cuando estudiamos los significados que se ponen en juego en los movimientos de la cola. Tanto el perro como el gato menean sus colas, pero los significados pueden ser totalmente opuestos en cada uno.

En el caso de los perros, el meneo amplio de la cola es una señal que reduce la distancia e invita a otro individuo a aproximarse de manera amistosa. En los gatos, por contrario, menear la cola es una señal dirigida a aumentar la distancia. Los gatos suelen empezar a mover la punta de la cola de un lado hacia otro antes de acometer o atacar con la pata. El movimiento de vaivén amplio, en el que la cola puede llegar a golpear el suelo, es una señal clara de agresión en un gato. Si no existen otras señales agresivas visibles, un perro puede intentar acercarse a ese gato que "mueve la cola" amistosamente, encontrándose con una agresión por parte del gato. De esta forma el perro no confiará en el gato "que le ha mentido" con el meneo de su cola.

En los perros, la cola levantada en posición vertical, o un poco curvada sobre la espalda es un signo de dominio y seguridad en sí mismo y una afirmación de autoridad. En los gatos, en cambio, esta misma señal es uno de los signos más cordiales que puede llegar a ofrecer esta especie. La cola levantada en un gato permite que otro gato se acerque e investigue la zona expuesta por debajo de la cola. Hacen esto debido a que tanto gatos como perros, poseen glándulas productoras de olor alrededor de la región anal cuyas feromonas puede servir a cualquier animal que capte el olor para identificar al individuo. La feromona es una sustancia que el animal libera al medio y que influye en el desarrollo o el comportamiento de otros individuos de la misma especie, se podría decir que levantar la cola equivale a ofrecer el pasaporte para que se pueda verificar la identidad.

El gato levanta su cola cordialmente, para ser identificado, un perro que vea esta señal tiene muchas posibilidades de malinterpretar este mensaje gatuno de amistad tomándolo por un intento de expresar dominio (si se piensa el significado que posee esta señal en el lenguaje perruno). De modo parecido, el gato también puede sentirse traicionado cuando vea que su oferta de amistad es recibida con suspicacia y amenazas.

El lenguaje corporal también es distinto en cada especie. Tomemos el lenguaje de sometimiento, un gato asustado, al igual que un perro asustado, se pegará al suelo para parecer lo más pequeño posible e indicar que no representa ninguna amenaza. Un perro aterrorizado llegará todavía más lejos, ya que se echará sobre la espalda para exponer su estómago desprotegido. Ésta es la máxima señal de sumisión de un perro. Un gato, sin embargo, no se echa sobre la espalda para indicar miedo o sumisión, sino más bien lo hace como un movimiento defensivo o cuando está intentando matar una presa. Un gato que está furioso se echa sobre la espalda, lo que el perro lee como mensaje perruno de que el felino renuncia luchar y quiere la paz. Va hacia el gato para llevar a cabo el olisqueo ritualizado con el que los perros aceptan esas ofertas de paz… para encontrarse con un arañazo por parte de ese felino que ya "había avisado" que no deseaba un acercamiento.

En el contacto corporal directo también perros y gatos tienen problemas para interpretarse mutuamente. Los perros suelen empujar a las personas o a otros perros, o ponérseles al lado y apoyar su peso en ellos como señal de dominio. Para los gatos, no obstante, restregar el cuerpo contra algo mediante empujones o apoyarse pesadamente, es un medio de dejar su olor en ese objeto o individuo. Esta mezcla de olores ayuda a distinguir lo conocido de lo nuevo, al amigo del desconocido, por lo que forma parte del ritual de saludo amistoso de un gato. Si un gato le hace esto a un perro, el perro puede malinterpretar fácilmente el gesto de bienvenida gatuno tomándolo por un intento de mostrar dominio apoyándose en él.

Pero tanto los perros como los gatos pueden llegar a ser "bilingües", pueden aprender las señales del otro si viven en la misma casa. Un perrito y un gatito que han crecido juntos parecen tener pocos problemas, principalmente porque han resuelto sus malentendidos cuando eran jóvenes. La convivencia entre perros y gatos adultos resulta más difícil, la mejor línea de acción probablemente sea dejar que los animales resuelvan sus problemas lingüísticos entre ellos, siempre y cuando no exista un riesgo de serio daño físico por parte de uno hacia el otro.

Hasta aquí hemos desarrollado algunas de las vías de comunicación que poseen perros y gatos, sus lenguajes y el por qué una interpretación errónea puede ser la causa de conflictos entre ambas especies.

Los invitamos a que nos envíen sus dudas, comentarios o sugerencias sobre los temas que se tratan o sobre aquellos que les gustarían que tratemos.

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