Cuantas veces a lo largo de nuestras vidas padecemos sentimientos de culpa. En ocasiones es ante un hecho real y en otras no sabemos porque, pero la sentimos y nos hace la vida infeliz. A veces se puede confundir culpa con responsabilidad de vida. Esto se da porque el límite que los separa a veces se hace un poco difuso. Algo esencial que lo distingue es que en la responsabilidad es la capacidad de responder, hacerse cargo, por los errores cometidos. En tanto que la culpa es en la que existe un causante de un daño o delito, independientemente de la responsabilidad que se asuma.
La culpa que sentimos es el resultado del propio juicio, entre lo que hemos hecho y lo que creemos que deberíamos haber hecho, que no siempre es consciente. Cuanto más estricto el juez interno mas dura es la condena. Los sentimientos propios de culpa llevan a la idea de castigo, y la culpa ajena es la que habilita a la venganza. Situaciones en las que uno se puede quedar detenido. Como decía mi abuela, "¿Quieres ser feliz un instante? Véngate. ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona".
Las personas que viven en situaciones como esta no tienen paz, felicidad ni alegría verdadera; viven afectadas por el sufrimiento que les produce, limitadas en su accionar.
La culpa no hace mas que esclavizar, profundiza la impotencia y se transforma en amo de uno mismo, quedándose abrumado y capturado en el no paso del tiempo. Uno cuando escucha a alguien atormentado por la culpa intenta por todos los medios ayudarlo a que deje de atormentarse. Y lejos de ayudar pareciera que se siente cada vez mas resistente a la idea de que el no fue el causante. Ante esto uno se pregunta ¿Qué sostiene todo este dolor? Estoy convencido de que nadie come vidrios y de que somos autores de lo que nos acontece; pero muchas veces no lo sabemos. Pero si puedo asegurar desde mi experiencia, que algo sostiene. Uno intentando ayudar, se pierde de vista que aquel que se siente culpable de todo, en lo mas intimo lejos de ser débil es todopoderoso. Solo aquel que tiene tal poder puede causar tantos males. A veces aceptar que uno no es tan poderoso no es una tarea sencillo, pero aceptar las debilidades, digamos lo humano, alivia.
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