Buenos Aires, (Especial para NA por Luis A. Gramuglia)- Encuentros sobre soja y girasol que convocan a un importante número de productores. Es inminente la reunión programada por AAPRESID. Ya se anunciaron con bombos y platillos las próximas ediciones de la ExpoChacra y la Feriagro en el 2004. Se realizan -o están por hacerse- muestras rurales en distintas localidades del interior.
El mundo agropecuario está en ebullición. Es como si hubiera una necesidad perentoria de definir un rumbo que está indisolublemente ligado al aumento de la producción y la sustentabilidad del medio ambiente y de cómo lograr estos objetivos con una rentabilidad adecuada.
Si desde el gobierno y el Parlamento se acompañara esta saludable tendencia, la Argentina podría estar discutiendo ya sin más demora, como hacer para que el complejo agro-industrial se convierta en la verdadera locomotora del crecimiento económico.
Pero esto no está sucediendo. El Congreso nunca se convirtió en caja de resonancia de las demandas del campo porque la mayoría de sus miembros ignora de que se trata.
Los gobiernos, con sus políticas macroeconómicas, conciben al sector como un generador de divisas a las cuales es conveniente echar mano, por ejemplo, vía retenciones. Y poco más.
Es en este contexto donde aquellas reuniones adquieren relieve. Hace poco en Junín tuvo lugar la exposición rural, con entrada libre y gratuita, que permitió que mucha más gente la recorriera interiorizándose de una actividad de tanta significación para la región.
En Pergamino se está preparando una muestra parecida donde también quienes participan del negocio exhibirán sus productos.
El campo, en esos ámbitos, se muestra con todo su potencial. Recordemos la ExpoChacra y la Feriagro, en marzo pasado, que se convirtieron en vidrieras insoslayables de lo que el campo es capaz de manifestar cuando se lanza a producir, pese a restricciones internas y externas.
En este sentido, se conoció esta semana una propuesta del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI), creado por la Bolsa de Comercio de Rosario y las bolsas de Cereales de Bahía Blanca y Buenos Aires.
Qué dice básicamente la misma? Que la Argentina debe proponer que el pago de la deuda externa debería estar ligado a una baja en los subsidios agrícolas que aplican los países centrales.
El director del INAI, Ernesto Liboreiro dijo que si se suprimiera "toda la protección y los subsidios al agro en nuestros países acreedores, el saldo comercial agrícola de Argentina subiría 87 por ciento y las exportaciones agropecuarias pasarían de 15 mil a 27 mil millones de dólares anuales".
Por cierto, resulta una tarea titánica tratar de que EE.UU., La UE y Japón se deshagan de esos mecanismos espúreos. Diríamos que es prácticamente imposible que ello ocurra porque los intereses que están en juego son extremadamente poderosos.
Pero es un buen punto de partida para negociar la pesada deuda externa argentina cuyo pago es un condicionante para obtener más recursos destinados a resolver los graves dramas argentinos vinculados con la pobreza y la exclusión social.
Es importante que esta cuestión sea analizada desde una visión diferente, contrapuesta con aquella que sostiene que la deuda debe ser pagada sin más consideración que atender el reclamo de los acreedores.
Existe una interesante corriente que en muchos países con problemas parecidos al nuestro, ha comenzado a estudiar de que modo esa deuda debe ser pagada sin que esto suponga la aplicación de ajustes perpetuos que, en definitiva, conspiran contra la calidad de vida de la gente.
Entonces, frente a lo que sucede, frente a esa actitud innovadora del sector que discute que hacer y como para mejorar su performance productiva, el gobierno debe abandonar su desdeñosa mirada a una actividad que es puntual de esta incipiente recuperación de la economía.
Miremos solamente la inversión en maquinaria agrícola para comprender de que se trata.
Pero el campo es solo una parte -y muy importante- de la economía. Hay otros rubros que requieren también atención oficial y que seguramente demandan que sus reclamos sean escuchados.



