Buenos Aires (Especial de NA) -- La oscilante relación entre el Gobierno y la clase media argentina, que suele definir la orientación de la opinión pública, pareciera atravesar este fin de año por el peor momento desde que el kirchnerismo llegó al poder, allá por 2003, cuando realmente enamoraba a ese estratégico sector de la sociedad.
Los desencuentros comenzaron en los albores del Gobierno de Cristina Kirchner con el episodio de la valija de Antonini Wilson, se profundizaron a raíz del extenso conflicto con el campo y se cristalizaron en las últimas elecciones, cuando siete de cada diez votantes optaron por fuerzas opositoras para poblar el Congreso.
Pero dos temas espinosos estuvieron siempre alimentando el fastidio de la clase media con el kirchnerismo y se mantienen en el candelero: el drama de la inseguridad y el aumento del costo de vida, factores que inciden notablemente en el humor colectivo, como lo reflejan las encuestas que maneja el propio Gobierno.
La provincia de Buenos Aires es, por lejos, el territorio donde más impacta la problemática de la inseguridad, tanto en términos estadísticos como vinculados a una atendible sensación de desprotección que desampara a la ciudadanía ante una serie de crímenes aberrantes y cometidos con una violencia inusitada.
Las consecuencias políticas las está sufriendo en carne propia el gobernador Daniel Scioli, cuya imagen se mantuvo alta durante años pero registra actualmente un declive que se explica en parte por su adhesión a las "candidaturas testimoniales" y en mayor medida por las críticas que arrecian por la inseguridad.
El ministro del área, Carlos Stornelli, sufrió un golpe durísimo tras la aparición de los cadáveres de la familia Pomar, que expuso la impericia de los investigadores policiales. El funcionario y Scioli mantuvieron silencio, pero en la Casa Rosada suponen que la Policía les "jugó abiertamente en contra".
Ahora, en un momento de debilidad política, Stornelli decidió denunciar a comisarios y policías bonaerenses que, según cree, reclutarían a menores para cometer delitos que fomenten una desestabilización del Gobierno provincial. Una historia vieja y conocida desde los tiempos de la famosa "maldita policía".
La oposición bonaerense estima, por su lado, que Stornelli lanzó una bomba de humo para deslindar su responsabilidad política sobre el accionar de la Policía y directamente reclama que el ex fiscal federal renuncie al cargo. Entre ellos hay diputados y senadores radicales, peronistas disidentes y del GEN.
"Stornelli sabe que se está jugando todo", admitieron en el entorno del gobernador Scioli, donde también hicieron notar que el funcionario proviene de la Justicia y sabe a la perfección que una denuncia sin sustento tendría el efecto de un "boomerang" que conllevaría el descrédito para su futuro personal.
Mientras tanto, los reiterados hechos de inseguridad oradan como el goteo sobre una piedra a la gestión sciolista y repercuten en la imagen de la Presidenta, de la mano de críticas de sectores que nunca comulgaron con el kirchnerismo pero cuyo discurso se expande hacia otros estamentos de la sociedad.
De hecho, los sondeos de opinión reflejan que las críticas por la inseguridad -que en el Gobierno nacional creen alentadas por los medios masivos de comunicación- no hacen distinción de clases sociales y que, en territorio bonaerense, aúnan a casi ocho de cada diez ciudadanos, especialmente los del conurbano.
La clase media también destila mal humor cada vez que padece el conocido "dolor de bolsillo", provocado por constantes aumentos en servicios como la medicina prepaga, los impuestos y la escuela privada, entre otros elementos que engordan las cuentas mensuales, como el incremento de los taxis.
El último capítulo que aprieta la economía real de los argentinos -la que no se preocupa por los baches fiscales ni por el mercado voluntario de crédito internacional- tiene como protagonista al sector cárnico, que no vacila en aumentar el precio de sus productos en vísperas de las Fiestas.
El Gobierno tomó nota y el secretario Guillermo Moreno sacó a sus "soldaditos" a la calle para inspeccionar las carnicerías y advertir a los frigoríficos con un cierre de las exportaciones, pero los consumidores siguen percibiendo los aumentos en los barrios de la Capital y el Gran Buenos Aires.
Ese gran conglomerado urbano comienza a notar una incipiente recuperación económica tras la crisis internacional, pero al mismo tiempo padece una aceleración de la suba de precios, debido a un nivel de inflación anual que estaría en torno al 15 por ciento, casi el doble de lo que informa el INDEC.
Por estos motivos, el ánimo colectivo sobre el fin de este año 2009 dista de ser el mejor. El kirchnerismo lo percibe, detrás de su patológico hermetismo. Sabe también que recuperar el favor de la clase media, al menos en parte, será clave para que el proyecto iniciado en 2003 no se trunque definitivamente en 2011.
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