Seguimos pensando acerca de la violencia y la televisión. De nuestra investigación sintetizamos algunas de las ideas más comunes y las organizamos a la manera de los mitos y realidades, como una forma de estimular el pensamiento.
Mito: La violencia en la televisión es la causa que explica todos los comportamientos agresivos de los niños y adultos.
Realidad: El comportamiento humano es tan complejo que resulta imposible reducir su explicación a una sola causa. Si bien la violencia televisiva podría ubicarse como uno de los elementos inductores de este tipo de conductas, no es la televisión el único medio a través del cual se propagan los comportamientos agresivos. La televisión es una pantalla que refleja conductas humanas, no las inventa.
Mito: Todos los niños imitan directamente lo que ven en la televisión.
Realidad: Cada persona cuenta con una serie de herramientas que le pueden permitir, en el mejor de los casos elegir para luego decidir acerca de sus propias elecciones. Algunos sujetos son más sensibles y se dejan influir por las conductas de los otros más fácilmente que otros. La educación y los valores que se reciben en la familia y a través de los colegios y demás instituciones determinan también el grado en el cual las personas se dejan o no sugestionar por las imágenes. La televisión, es una pantalla "boba" no piensa ni decide por si misma. Somos los hombres quienes proyectamos en ella imágenes propias. Lo que nos sucede es muchas veces no somos concientes de cuánto aquello que vemos nos pertenece.
Mito: Prohibir terminantemente a los niños la televisión permite controlar efectivamente las influencias malignas y violentas sobre el comportamiento de los chiquitos.
Realidad: Si bien la televisión es un medio por el cual se transmiten mensajes con contenido violento, los seres humanos viven en un mundo plagado de fuentes de conductas agresivas. La agresividad es inherente a la condición humana. Es un tema amplísimo, que más que una nota amerita un tratado: a modo de síntesis desde el nacimiento y la primera lactada y el impulso por sobrevivir se instala la agresividad en la vida y como parte de ella; entonces de ser así el prohibir a los niños ver la televisión bajo este argumento es absurdo.
Mito: Dejar que los niños vean toda la programación, a cualquier edad, es totalmente inofensivo.
Realidad: Dependiendo de la edad, los niños ven y entienden la televisión de diferentes maneras, a partir del desarrollo diferencial de ciertas capacidades cognoscitivas, afectivas y de su comportamiento. Aunque los menores tienden a ser más sensibles ante los posibles efectos de la televisión de contenido violento, todas las personas (niños o adultos) tienen en si la potencialidad de pensar y analizar la información a la cual están expuestos. Fomentar la constante construcción de esta habilidad crítica debe ser tarea de los adultos que rodean al niño, sin olvidar que esta capacidad existe en los niños, y que sus opiniones son tan válidas como las de los grandes.
Mito: Ver televisión es un acto que puede llenar cualquier momento libre en la medida en que es una actividad "vacía".
Realidad: Si bien no resulta conveniente acudir a la televisión siempre que se tenga un momento de ocio, existen ciertos programas cuyo contenido enriquecen los procesos de aprendizaje y formación de valores de las personas. No podemos dejar de considerar que cuando se habla de vacío, lo entendemos más como vacío de ser que ocio. Para el ocio podemos establecer cuál es la programación adecuada, conocer los espacios que se emiten, eligiendo aquellos cuyo contenido sea rico en elementos culturales y con bajos niveles de violencia. Para la instancia existencial la televisión, como cualquier construcción humana, es solo un reflejo en el que ponemos afuera aspectos propios no reconocibles en cada uno.
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