Buenos Aires (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal) -- El gobierno confía en sellar el acuerdo definitivo con el FMI el 9 de septiembre próximo, a pesar de las demoras en el Congreso de leyes que reclama el organismo y las peleas político en lo más alto del poder. Ese día vencen casi 3.000 millones de dólares con el organismo y ya estaría resuelta también la fórmula para evitar que el país utilice reservas para afrontar ese pago si es que, al final, el entendimiento termina sufriendo una demora de algunos días.
Estos temas fueron parte primordial en las conversaciones entre las autoridades nacionales y el secretario de Asuntos Hemisféricos de los Estados Unidos, Roger Noriega, en la reciente visita que éste hizo a Buenos Aires.
El mensaje que trajo el influyente funcionario norteamericano resultó elocuente: el país debe cerrar sí o sí el acuerdo con el FMI.
En cada reunión que mantuvo, Noriega sugirió el concepto de que el gobierno de Néstor Kirchner no tiene un plan económico sustentable en el tiempo.
Por este motivo, se considera que el rumbo fijo a seguir será, precisamente, el que marque el nuevo acuerdo a suscribir con el organismo de crédito.
Superávit fiscal, restructuración y pago puntual de deuda y reformulación del sistema financiero conforman parte de la agenda considerada indispensable.
El enviado del norte planteó también la necesidad de firmar un memorandum a tres años de plazo, es decir, que se extienda por el actual período de gobierno.
El pedido no es caprichoso, ya que la administración de George Bush quiere marcarle con precisiones la cancha a la actual administración de Kirchner, ante las dudas ideológicas que les plantea el santacruceño.
Según dicen los analistas, en la Casa Blanca persiste aún el temor por ese eje que conforman La Habana y Caracas que, para ellos amenaza con extenderse hacia Buenos Aires y Brasilia.
Sin embargo, el gobierno de Lula está dando sobradas muestras de fé al modelo considerado "adecuado" para las miradas atentas de la ortodoxia económica.
Entonces, queda Kirchner y sus misterios, muchos de los cuales se despejarían con el acuerdo a tres años.
Los delegados en el Fondo del Grupo de los Siete, los más poderosos del mundo, presionan para aumentar el límite de superávit con el fin de que el país tenga caja suficiente para pagar sus deudas.
Pero, en este caso, el gobierno argentino espera que se acepte el aumento gradual de la pauta de superávit atada al crecimiento económico.
Nadie quiere, en definitiva, que la Argentina entre un nuevo default, esta vez con los organismos, aunque haya demasiados resquemores contra el país.
Como para acrecentarlos, el Congreso no avanza en las leyes que pide el Ministerio de Economía como para dar señales positivas en el último tramo de la negociación.
El ministro Roberto Lavagna reclama la aprobación urgente de las leyes antivaevasión y la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.
El texto de de esta última autoriza a girar más pesos al Tesoro, que, convertidos en dólares, servirán para afrontar, si es necesario, parte del vencimiento del 9 de septiembre.
Una pelea de fondo.
Mientras se ingresa en en el tramo final de la negociación se desató en el gobierno una, por lo menos, inorpotuna pelea por espacios de poder.
Uno de los problemas parece ser que el Presidente sigue abriendo frentes de conflicto sin que quede claro si hay una estrategia clara para salir de ellos.
Pero, el jefe de Estado ha optado por dar muestras de un poder unipersonal, que no admite sombras. Y precisamente, Scioli quiere brillar con propia luz en un país donde los vicepresidentes tuvieron escaso margen de maniobra.
En el marco de esta disputa le sacó "la caja" de la Secretaría de Turismo y Deportes. También pretende correrlo como el interlocutor de los sectores empresario.
Como muestra vale mecionar que Kirchner irá a un acto que la Unión Industrial hará en Jujuy, un encuentro al que estaba invitado el Vicepresidente.
También se reunió, en el término de pocas horas, con empresarios petroleros y una nueva entidad de pequeñas y medianas empresas, conducida por Carlos Heller.
Pero, el encuentro más significativo fue el que mantuvo en las últimas horas con la Asociación Empresaria Argentina (AEA), que reúne a los grandes holdings,.
Esta reunión se convirtió en todo un gesto para suavizar la imagen díscola del jefe de Estado hacia el universo empresario.
El propio Noriega se encontró durante su visita a Buenos con empresarios de firmas norteamericanas radicadas en el país que plantearon la necesidad de tener más diálogo con el Poder Ejecutivo.
En la Casa Rosada admiten este acercamiento, pero diferenciam a los empresarios con "visión nacional" de aquellos que fugaron capitales hicieron grandes negocios durante la década menemista.
En el encuentro con AEA se coincidó en que se debe sellar el acuerdo con el Fondo, pero sin ahogar el incipiente proceso de recuperación.
Este crecimiento se habría frenado en julio, aunque en el Ministerio de Economía confían en un aumento del 6 por ciento del PBI para este año, con un nuevo repunte en los últimos meses del año.
Claro está que este pronóstico se podrá cumplir si el conflicto político generado entre Kirchner y Scioli no pone nuevas trabas en este país imprevisible.
Sucede que ante este conflicto, el Vicepresidente se acercó estrechamente a Eduardo Duhalde, y al ex presidente quiere convertirse en árbitro de toda disputa del poder, lo que acrecentaría su influencia.
La elección porteña se convirtió en una arena para dirimir posiciones entre Kirchner y Duhalde, ya que el presidente apoyó abiertamente a Aníbal Ibarra y el bonaerese dio un apoyo velado a Mauricio Macri. Mientras que gente ligada a Scioli trabajó directamente en la campaña del presidente de Boca Juniors.
Una compleja trama política difícil de explicar a los desprevenidos.



