Buenos Aires (Especial para NA) -- La pregunta que hizo Aníbal Fernández es totalmente coherente con su trayectoria, su método de gestionar y sus especiales objetivos.
En un reportaje, volvió a asombrar con su colosal capacidad de sarcasmo al servicio de la manipulación política más frontal.
"¿A que llaman clima enrarecido? ¿A los cortes que pueda (sic) haber en la Capital? Los ha habido en todo momento y nosotros nunca hemos dicho ‘vamos a reprimir’ porque preferimos apostar al tiempo, resolver las cosas hablando y no pegándole a la gente".
Obra maestra de la ingeniería dialéctica, la tesis del jefe de Gabinete se descompone en estos ejes:
a) el clima político no es raro, sino normal, pese a que el Concejo Deliberante de Mar del Plata vandalizado por una turbamulta, el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Jujuy fue atacado con violencia para evitar que hablaran el senador nacional Gerardo Morales y el Auditor General de la Nación, Leandro Despouy, la Universidad Nacional de Cuyo fue escrachada en Mendoza para impedir la presentación de la embajadora norteamericana Vilma Martínez y –desde luego- el Gobierno tolera que la frontera internacional argentino-uruguaya a la altura de Gualeguaychú haya sido privatizada de hecho por un puñado de vecinos y esté cortada hace mas de dos años, todos hechos normales, que nada tienen de raro,
b) ante los episodios ilegales, para el Gobierno solo hay dos caminos: tolerarlo pasivamente o salir a "pegar" para reprimirlo, como si tras 26 años de democracia las fuerzas de seguridad fueran tropas bestiales de golpeadores seriales, incapaces de asegurar el orden sin matar ni herir a nadie.
El episodio de Jujuy, perpetrado por la Organización Tupac Amaru, fue muy llamativo y si bien mucho se ha escrito sobre el caso, la cuestión no ha sido agotada. Los "tupaquistas" de lavaron las manos del ataco, endosándoselo a una Organización Libertad, a la que definen como "integrante de la misma Red de Organizaciones Sociales que nosotros", pero solidarizándose con ella. ¿Razones?
"Comprendemos la indignación de estos compañeros ya que el senador Morales hace ya bastante tiempo que viene atacando y provocando a las cooperativas de desocupados y a los pueblos originarios de la provincia de Jujuy". Resultado: le tiraron con lo que tenían a mano. Morales ya había sido atacado en marzo último en Purmamarca, donde grupos militantes les dan sostén a comunidades locales, instándolos a que reclamen tierras. Uno de los agresores de Morales esta semana milita en el llamado Movimiento Campesino Jujeño.
¿Ultrakirchneristas? Los de Tupac dicen que "por lo menos, es inexacto". Dicen que su único objetivo es "la lucha contra la pobreza". Es cierto que la jefa de los tupaquistas, Milagro Sala, es secretaria de acción social de la CTA a nivel nacional, pero admiten "acompañamos muchas de las políticas públicas llevadas adelante por este gobierno tales como las políticas de derechos humanos, la generación de empleo a través de cooperativas de desocupados como el Plan Federal de Emergencia Habitacional, la vuelta al sistema de jubilaciones de reparto y la Ley de Medios".
Mientras Aníbal Fernández desmiente que haya "enrarecimiento" del clima política, los piqueteros jujeños alegan que el ataque a Morales se justifica porque el presidente de la Unión Cívica Radical "generar un clima de enrarecimiento y crispación social que apunta a la fractura de la sociedad (…) claramente funcional a la derecha vernácula, de la que él es parte, que hace tiempo viene reclamando la represión de la protesta social".
Pero ¿qué tienen que ver estos piqueteros de trascendencia ahora nacional con la historia reciente de la pequeña Jujuy, confín septentrional de la Argentina? Hace falta un poco de recorrido histórico.
En las elecciones presidenciales del 27 de abril de 2003, tras las cuales quedo consagrado Néstor Kirchner, mientras que a nivel nacional no superó el 22%, en este distrito obtuvo el 42.4%, casi el doble, contra 18.5% de Carlos Menem y 18% de Rodríguez Saa, mientras que las tres ramas del panradicalismo arañaban, sumándolas, apenas el 17%.
En las elecciones nacionales para senadores del 23 de octubre de 2005, el kirchnerismo ratifico su liderazgo, con el 47%, pero ya tuvo enfrente a la oposición, nucleada en el Frente Jujeño liderado por la UCR local (con Morales a la cabeza), que recogió más del 31%.
En las presidenciales del 28 de octubre de 2007, la formula kirchnerista arrasó, agrupando a todo el peronismo, con el 62%, contra el 26.4% del binomio formado por Roberto Lavagna y Morales, candidato a vicepresidente, a los que podría añadirse el 6% de Elisa Carrió.
Vale consignar que en estos comicios de 2007, los seis mini fragmentos de la izquierda más ultra totalizaron (si se los suma), el 2% de los votos, incluyendo los ocho votos para Raúl Castells y los tres votos para Pino Solanas, en ambos casos en toda la provincia. Hubo, sí, un 10.3% de votos en blanco.
En las elecciones del 28 de junio de este año, el kirchnerismo retrocedió al 40%, el Acuerdo Cívico y Social (que en Jujuy es, en esencia, la UCR y aliados) sacó el 31% y las fuerzas de ultra izquierda suman entre ellas un poco menos del 5%, con 7% de votos en blanco.
Estos números revisten una trascendencia que supera con creces a su importancia puramente provincial, en una provincia donde los electores registrados equivalen a la mitad de los inscriptos en el municipio bonaerense de La Matanza. En volumen político, todo Jujuy (424 mil electores) es la mita de La Matanza (834 mil). Sin embargo, por la proyección simbólica del hecho y la revelación de que una vasta y bien lubricada red de poder paralelo se ha abroquelado en la provincia, los sucesos impresionaron.
Claramente, la izquierda marxista más tradicional (los trotskistas) y los evangelizadores del maoísmo que patrocinan el voto en blanco, no tienen el tamaño para inquietar políticamente a nadie.
La conclusión es casi obvia; la sustancia social de las nuevas formas de beligerante agitación social sólo puede surgir del justicialismo y puede expresarse o actuar con marcos de contención tácitos con el aval provincial o nacional de las gestiones oficiales.
De allí que las módicas explicaciones del Jefe Fernández sean de deliberada superficialidad.
El gobierno de los Kirchner sigue superando sus ya conocidas marcas en capacidad para diseñar, fundar o avalar, financiar y permitir que crezcan en la Argentina estructuras y estilos explosivos para hacer política con los pobres y al servicio de una mirada amplia que tiene como base de operaciones a la Quinta de Olivos.



