Buenos Aires (Especial de NA) -- La política argentina atraviesa un período muy particular, dominado por altas dosis de incertidumbre que se trasladan a otros campos de acción como la economía, a raíz de una situación de virtual empate que va tomando una forma nítida entre las fuerzas del oficialismo y de la oposición.
Ese es el panorama que dejará la extensa transición entre las últimas elecciones legislativas y la renovación parlamentaria del 10 de diciembre, cuando se inaugurará una etapa gobernada por los "gestos de autoridad", a juzgar por las últimas determinaciones del Gobierno y los planes de la oposición.
Así, es muy posible que la administración kirchnerista radicalice su tendencia a adoptar decisiones sin consenso previo, en la búsqueda del efecto sorpresa que le permita controlar la agenda pública, mientras que la oposición tratará de hacer sentir el peso de su engrosada posición parlamentaria.
Los principales referentes opositores meditan, en este escenario, si es conveniente impulsar la renovación de las autoridades parlamentarias, es decir ubicar a un diputado de los suyos como presidente de la Cámara baja en reemplazo del kirchnerista jujeño Eduardo Fellner.
La avanzada opositora, de compleja arquitectura porque requeriría del acuerdo de gran parte de los bloques no kirchneristas, buscaría dejar en claro de movida que el Congreso será a partir de diciembre un territorio hostil para el Gobierno, tras la apurada sanción de leyes como la de Radiodifusión.
La administración kirchnerista tiene en carpeta proyectos considerados clave para su futuro en el poder, como la reforma política, que deberá pasar por el tamiz del Congreso antes de ver la luz. Se trata de una normativa de vital importancia de cara a las elecciones presidenciales de 2011.
Ese año, de acuerdo a todas las predicciones, Néstor Kirchner buscará regresar a la Casa Rosada al término de la temporada que transita como "primer caballero" entre la quinta de Olivos y su residencia de El Calafate, donde suele emprender extensas caminatas sobre las orillas del Lago Argentino.
En alguna de esas recorridas al ex presidente se le habría cruzado por la cabeza la idea de competir finalmente por la Gobernación de Buenos Aires en caso de que la elección presidencial no quede a su alcance, delegando la candidatura mayor en Daniel Scioli u otro dirigente de peso en el PJ.
Son alquimias que van tomando forma en los vericuetos del oficialismo, como las que en su momento lanzaron al ruedo las polémicas candidaturas testimoniales en la elección legislativa que terminó en fracaso para el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires.
Pero así como Kirchner está midiendo su proyección política, también los dirigentes de la oposición comienzan a posicionarse en medio de un fárrago de internas: basta observar lo que sucede entre Julio Cobos, Gerardo Morales y Elisa Carrió; o entre Mauricio Macri, Francisco De Narváez y Felipe Solá.
Como Kirchner, que a esta altura ya no puede traccionar a todo el peronismo para apuntalar sus propias ambiciones, ninguno de los dirigentes de la oposición aparece por el momento con chances concretas de convertirse en "el candidato" que destronará a los "pinguinos" en el próximo turno presidencial.
Porque la construcción de una candidatura sólida va más allá de la buena imagen que pueda tener un dirigente, como la tienen ahora especialmente Cobos y De Narváez, quien siempre dijo que quiere ser gobernador de Buenos Aires pero que cuenta con una estructura que apunta a traspasar largamente la frontera de La Plata.
En medio de esta situación, el clima político se enrarece porque la mayoría de los actores se siente incómodo con el rol que le toca jugar en la actualidad: el Gobierno no se resigna a tener que compartir el poder y la oposición asoma impaciente, como queriendo apurar los tiempos de la transición.
Tal vez por eso reapareció en escena Eduardo Duhalde, que no descartó una prematura candidatura presidencial pese a que siempre manejó los tiempos de la política con maestría. Tal vez por eso, también, De Narváez incurrió en un exabrupto propio de los modales del técnico de la Selección, Diego Maradona.
La Iglesia católica observa el escenario con preocupación. Algunos hechos de violencia, como el escrache al senador Morales en Jujuy, encienden luces de alarma por el accionar de grupos que actúan por afuera de las instituciones en una sociedad que, como la Argentina, no está para tentar a los demonios.
mspezzapria@noticiasargentinas.com
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- En medio de esta situación, el clima político se enrarece porque la mayoría de los actores se siente incómodo con el rol que le toca jugar en la actualidad: el Gobierno no se resigna a tener que compartir el poder y la oposición asoma impaciente.



