Buenos Aires (Especial de NA) -- Las relaciones entre el poder y la prensa, siempre sinuosas, dejan en estos días la impresión de que la Argentina es un país dominado por una creciente intolerancia, que gana terreno en sectores profundamente arraigados en la cultura nacional, como la política y el fútbol.
Las desafortunadas expresiones de Diego Maradona tras el partido con Uruguay sumaron un nuevo capítulo para una obra que, en rigor, se viene gestando hace un buen tiempo y que podría resumirse en una oración: la culpa por los errores propios la tienen los demás, especialmente quienes los hacen notar.
La reacción de Maradona pudo parecer increíble para cualquiera que no sea argentino -de hecho la prensa extranjera la reflejó ampliamente-, pero puertas adentro sus palabras no hicieron más que darle connotación popular a un mensaje de ataque a los medios de comunicación, que baja desde distintos estamentos del poder.
Como si esos embates sirvieran para barrer bajo la alfombra los errores y los aciertos por los que finalmente son juzgados por la sociedad: si el Gobierno contribuye a mejorar la vida de los argentinos, si la oposición pone los límites necesarios, si un técnico logra los objetivos para los que fue convocado. Por cierto que, como sucede en toda actividad colectiva, el comportamiento de la prensa argentina tiene altas y bajas, aciertos y errores, momentos deslumbrantes y otros que mejor olvidar, en su esfuerzo cotidiano por reflejar un acontecer nacional que no ahorra en sorpresas ni en imprevisión.
Por suerte siempre surge alguna voz que se contrapone a los brotes de irracionalidad y que funciona como un anticuerpo para mantener a la sociedad fuera de los márgenes de la intolerancia. Un ejemplo claro de estas últimas horas es Juan Sebastián Verón, el experimentado jugador de Estudiantes y la Selección.
Criticado como pocos por la prensa tras el fracaso de la Selección de Marcelo Bielsa en el Mundial de 2002, Verón aportó la cuota de equilibrio necesario -el mismo del que hace gala en los mediocampos que le toca transitar- ante tanto nerviosismo manifestado por Maradona y su cuerpo técnico.
El técnico de la Selección debería saber que los que tienen responsabilidades de conducción están obligados a rendir cuentas de sus actos y sus palabras, por el lugar privilegiado que ostentan en detrimento de tantos que quisieran ocuparlos.
Pero la mesura, tanto en el fútbol como en la política, no pareciera ser la característica dominante en una Argentina que se va acercando a los ponchazos al Bicentenario y que presenta postales de desconcierto ante la aparición de una insólita realidad bipolar, según quién la mire, según quién la escriba.
mspezzapria@noticiasargentinas.com
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- Por suerte siempre surge alguna voz que se contrapone a los brotes de irracionalidad y que funciona como un anticuerpo para mantener a la sociedad fuera de los márgenes de la intolerancia.
Un ejemplo claro de estas últimas horas es Juan Sebastián Verón, el experimentado jugador de Estudiantes y la Selección.



