El éxito del matrimonio, el trabajo, la familia y las relaciones interpersonales depende de la comunicación". Existen cuatro características que te harán un verdadero comunicador, cualquiera sea el lugar que ocupes "padre e hijo". SIMPLIFIQUE EL MENSAJE. En primer lugar, para lograr una comunicación mucho más clara: La comunicación no es sólo lo que se dice, también es muy importante la forma en que se lo dice. Diferentes autores opinan que la base de una buena comunicación es la simplicidad del mensaje, a lo que me adhiero totalmente. Muchas veces tratamos de impresionar al otro con grandes palabras u oraciones hechas que hacen que el diálogo ya no sea tal, que se convierta en un discurso. Si querés tener una buena relación con tu hijo sé sencillo. Se claro: un mensaje claro evitará que el otro no entienda lo que decís y comience a imaginarse qué es lo que realmente quisiste decir. En la suposición y en la fantasía, los grandes conflictos familiares surgen de la nada y generan muy rápidamente una bola de nieve que complica todo y atenta contra una buena comunicación. "Vos dijiste" pero no me lo dijiste así. "Y por qué no preguntaste"? etc. En segundo lugar: los grandes comunicadores sociales se enfocan en las personas cuando les están hablando. Saben que es muy difícil comunicarse sin ver quien está del otro lado. Cuando te comuniques con tu hijo es importante que lo mires a los ojos y que ambos escuchen atentamente lo que están hablando. Es muy común que los diálogos se den en otras circunstancias, como cuando vos estás arreglando algo en la casa o manejando. Evidentemente, en estas circunstancias es imposible que puedan mirarse a lo ojos. Por eso es importante que encuentres el momento indicado para hablar con tus hijos, cuando pueden mirarse a los ojos y observar las reacciones del otro. Muchos adolescentes interrumpen el diálogo sólo con ver la cara que puso el padre o la madre basta sólo un gesto para saber que están pensando. Ya saben que ese gesto de la madre quiere decir: "Hablá todo lo que quieras, pero a esa fiesta no vas". Sé que es difícil, pero es muy necesario que el adolescente sepa que tiene atención exclusiva en el momento del diálogo. HABLA CON LA VERDAD. En tercer lugar: la confianza en el otro favorece notablemente la comunicación. Los prejuicios )por ejemplo, "a ver cuál es el paquete que me quiere meter"), condicionan la comunicación y convierten cualquier intento de diálogo en una pérdida de tiempo. Es muy importante que los padres tengan respuestas a lo que quieren transmitirles a sus hijos. Siempre, ante una negativa, vendrán los clásicos "porque SI" o porque NO". Digo ante una negativa porque cuando las respuestas son afirmativas está todo bien. Ningún adolescente la preguntará al padre: Por qué me dejaste ir a bailar? Cuáles fueron tus razones para dejarme ir a esa fiesta? Antes que el padre empiece a pronunciar el SI, el adolescente ya está en la calle. No hay nada que genere mayor poder de convicción que creer en lo que se está diciendo. Por eso decir la verdad y tener argumentos para sostener las decisiones tomadas favorece notablemente la comunicación. BUSCA RESPUESTA
En cuarto y último lugar: cuando hablamos nos olvidamos de que el objetivo de toda comunicación es la acción. A veces se reciben de los padres verdaderas clases magistrales de los problemas socioeconómicos por los cuales los hijos no pueden volver a la una de la mañana, pero eso no es comunicarse, sólo es una catarata de información. Es importante entender que no siempre se tendrá la última palabra porque si yo quiero saber que es lo que opina el otro (padre o hijo) tengo que dejar que el otro me de su opinión. Ahora sí, a partir de esa charla, alguno será el que tenga la última palabra. A intentarlo. (Del Libro "En Conflicto con mis Hijos, En Conflicto con mis Viejos). Contacto: gaston@encontraturumbo.com.



