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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 30/jul/2009 de La Auténtica Defensa.

Hora de reacomodos y desaires en la política
Por Daniel Casal




Buenos Aires (Especial de NA) -- El Justicialismo, en su totalidad, se halla en virtual estado deliberativo y al borde de la diáspora, tras la derrota del 28 y la ausencia de líderes luego de la caída en desgracia de Néstor Kirchner.

Ninguno de los emergentes presidenciales de ese día, como Mario Das Neves o Carlos Reutemann, se animaron aún a tomar el testimonio en la carrera del liderazgo partidario, frente al temor de quedar atrapado en el fuego cruzado de la interna y truncar así sus sueños de Casa Rosada.

Fue en este marco que la CGT, como el brazo sindical del PJ, estuvo a punto de estallar, y sólo un inusual pedido de perdón de Hugo Moyano por los errores cometidos evitó, por el momento, el desangre.

Este gesto se lo habría pedido la presidenta Cristina Kirchner al propio Moyano, con el fin de eludir un nuevo conflicto sin retorno, por lo menos hasta que queden quietas las turbulentas aguas políticas de estos días.

Este arrepentimiento, sincero o de conveniencia, no dejó de tener algo de mérito, en un país donde nadie parece hacerse cargo de nada.

Por ejemplo, el ex presidente no aceptó los gruesos errores cometidos que desembocaron en la derrota electoral y la atribuyó a la "vieja política".

Pero, ¿no fue el propio ex presidente el que se olvidó del proyecto de la transversalidad para aferrarse a lo que siempre se llamó aquí la vieja política: el vetusto aparato de intendentes bonaerenses?

Ahora, ya quizá demasiado tarde, quiere volver sobre aquellos pasos acercándose a las organizaciones sociales, partidos progresistas minoritarios y el grupo de intelectuales de "Carta Abierta".

La historia tampoco da cuenta de demasiados casos de reconocimientos de culpas. Ni Carlos Menem por los desquicios de los `90, ni Fernando de la Rúa por su traumático paso por el Gobierno.

Fue por este "mea culpa" que el camionero pasó en pocas horas de los agravios a los "gordos" cegetistas al reconocimiento que los necesitaba en este principal barco del gremialismo nativo.

La central obrera no se rompió pero, indudablemente, Moyano deberá ceder parte de su poder a manos de los sindicatos que amenazaron con un cisma hasta el jueves por la noche. Uno de los temas más traumáticos será si acepta el meneado triunvirato de conducción que reclaman con insistencia los "gordos" y también un alejamiento paulatino del calor kirchnerista.

Es que en cada rincón del partido mayoritario se considera agotada esta etapa encabezada por los "pingüinos" y cada uno busca su tabla de salvación.

Por caso, Daniel Scioli tomó su propio camino, el de la gestión, y ahora se mostró dispuesto al diálogo y a los acuerdos, dos palabras que nunca tuvieron un lugar de relevancia en eldiccionario kirchnerista, del cual el gobernador fue partícipe hasta hace muy pocos días.

Sin embargo, la semana que pasó el gobernador visitó en la quinta de Olivos al ex Presidente, le comentó de su nueva estrategia y recibió como respuesta: "Seguí adelante".

Esta frase demuestra que han cambiado los tiempos y ya no hay espacios para omnipresencias en el partido, como sucedió en más de seis años.

El gobernador habló en los mismos términos con los dirigentes del agro, con quienes estuvo el viernes en la Exposición Rural y a los que recibió en su despacho luego del unívoco veredicto de las urnas.

Precisamente, a todos les dijo que él entendió el mensaje de la votación, sobre todo en lo que se refiere a la necesidad de los consensos entre los dirigentes.

Aunque también les aclaró que la presidenta Cristina Kirchner hace la misma lectura, y fue por esto que se abrieron las puertas de la Rosada a la oposición y los empresarios.

Scioli le pidió que le dieran tiempo a la jefa de Estado y que no hiciera hincapié en temas como la continuidad de Guillermo Moreno en el Gobierno.

La cuestión del secretario de Comercio y del INDEC tuvo un nuevo capítulo por estos días, cuando el ministro Amado Boudou anunció una reestructuración del organismo y de la manera calcular los índices.

Las críticas de la oposición resultaron feroces porque al frente del organismo quedó Norberto Itzcovich, un funcionario de carrera que se ganó las simpatías de Moreno.

Sin embargo, casi no se le dio trascendencia a que tres universidades de prestigio trabajarán en los nuevos cálculos, y que todos los números desde 1999 en adelante serán revisados. Dos medidas que, de concretarse realmente, deberían dejar atrás la sospechas sobre las estadísticas argentinas, que tanto mal hicieron en el plano local como en el exterior.

En este caso, los opositores deberían hacerse cargo de las críticas lanzadas antes de que se compruebe si realmente lo anunciado se corresponderá con la realidad.

La diferencia entre lo dicho y lo hecho deberá ser tenida en muy cuenta por la Presidenta con respecto a los logros y la frustraciones del diálogo.

Ha resultado un signo de madurez política que casi todos los sectores aceptaran concurrir a la Casa de Gobierno y tanto oficialistas, opositores, como gobernadores, van con un rosario de reclamos postergados.

Es claro que el gobierno central no podrá satisfacer a todos pero sí deberá demostrar capacidad de reacción para los temas en los que si pueda avanzar.

Y no como sucedió durante todo este tiempo en que la excesiva concentración del poder de decisión dio paso a una preocupante ineficiencia.

Si pasa el tiempo y nada cambia en los nerviosos días de este frío invierno, Cristina Kirchner irá perdiendo el crédito político que aún puede mostrar y el camino hacia el 2011 será cada vez más pesado y sinuoso para los argentinos.

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Ninguno de los emergentes presidenciales de ese día, como Mario Das Neves o Carlos Reutemann, se animaron aún a tomar el testimonio en la carrera del liderazgo partidario, frente al temor de quedar atrapado en el fuego cruzado de la interna y truncar así su sueños de Casa Rosada.

Por caso, Daniel Scioli tomó su propio camino, el de la gestión, y dispuesto al diálogo y a los acuerdos, dos palabras que nunca tuvieron un lugar de relevancia en el del diccionario kirchnerista.

Es claro que el gobierno central no podrá satisfacer todos los pedidos, pero sí deberá demostrar capacidad de reacción para los temas en los que si pueda avanzar.


 
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