En estos días Argentina sufre una pandemia de Gripe A (H1N1), que se suma a las gripes estacionales y al resto de afecciones en vías respiratorias habituales en esta época de año.
Campana no es ajena a la situación, como ya se sabe hay casos declarados y algunos de gravedad.
Lo que acontece debería poner en estado de alerta a la población, de hecho las autoridades de la ciudad tomaron recaudo al respecto y los medios de comunicación hicieron eco del mensaje.
Las recomendaciones son simples y claras. El resultado depende en un cierto porcentaje del manejo del tema por parte de las autoridades sanitarias; pero en gran medida las consecuencias están en manos de los ciudadanos comunes.
Justamente a ello remite esta nota y la expresión del titulo pretende ir más allá de la Gripe A (H1N1). La importancia radica que en casos de esta índole es necesario que los ciudadanos de esta ciudad y del resto del país tengamos la obligación de cumplir las normas básicas de supervivencia en un grupo social. Esto significa cumplir con las recomendaciones que hacen los organismos de salud. Las mismas no implican salir a comprar alcohol y barbijos al por mayor. El barbijo debe utilizarse únicamente cuando uno está enfermo para evitar contagiar al otro, caso contrario, no es imprescindible. El no acatamiento de estas recomendaciones, no realizadas por mí, sino por especialistas en la materia evidencia el egoísmo y la individualidad en que nos movemos.
Llegado a este punto, insisto, "hay que ponerse barbijo". Tal vez resulten algo contradictorias y discordantes mis aseveraciones, pero puedo explicar por qué no lo son. Cuando asevero que "hay que ponerse el barbijo", sugiero que pensemos en el prójimo. Seamos solidarios, no sólo en ésta situación donde nos azota una pandemia sino todos los días.
Si vemos un ilícito denunciémoslo; si observamos un delito avisemos a la policía; si no nos dan un recibo de compra exijámoslo; si no hay buena luz en el barrio reclamemos; si un comercio no cumple con las pautas establecidas en la compra, primero reclamemos en dicho comercio y si no tenemos respuesta dirijámonos a la defensoría del consumidor que, dicho sea de paso, funciona muy bien en Campana.
También si algo nos sobra o ya no utilizamos acerquémoslo a quien lo necesite. Sería extenso mencionar la cantidad de situaciones en las cuales deberíamos respetar y ayudar al otro. Ante todo se trata de hacer valer nuestros derechos, pero fundamentalmente de ser solidarios.
Estoy absolutamente convencido que son muchas las situaciones complejas que se solucionarían simplemente extendiendo nuestra mano y ayudando a quien lo necesite.



