Amanda hilvana sueños de tambos y recuerdos de la infancia, de vascos inmigrantes, de abuelos españoles.
Amanda cosió historias de Campana, vendió ilusiones de caramelos y ticket de neón. En ese cine dejó la juventud; pero se llevó consigo a la gente. ¿Veinte años no es nada?.
El Cristo de los milagros no la abandona, le regaló un hijo de barro y miel. Lo amasó con tanto amor, que pudo curarle hasta las heridas mas profundas.
Amanda camina despacio hacia lo de Santiago, los huesos traicioneros no la dejan distraerse. De vuelta se sienta en la silla, respira profundo y en cada presionar de su calzado, echa a andar la rueda de los milagros; esa que de una tela saca un vestido y de un vestido una moneda.
Charly Schneider



