Es frecuente escuchar en el consultorio para que saber del pasado, si eso ya pasó, y con cierto grado de molestia se plantea que lo importante es lo que pasa hoy.
En ocasiones saber algo acerca de la historia no tiene gran importancia si uno se siente bien y las cosas funcionan satisfactoriamente.
El problema radica cuando aquello que llamamos pasado pareciera que no lo es y que uno se encuentra como detenido en el tiempo.
Es cuando la percepción del futuro que nadie sabe lo que va a suceder y lo que para algunos seria un ambiente lleno de posibilidades; para otros no es así lo observan con los ojos del ayer, o mejor dicho con lo ojos de siempre. Este detenimiento se asemeja mucho al trabajo que debe realizar el anticuario. Su tarea consiste en conservar cosas del pasado, inmuebles, muebles, objetos diversos, papeles, ideas, pero para conservarlas tiene que anular el tiempo que pesa en ellas. Porque de lo contrario corre el riesgo de que estos objetos vayan cambiando, hasta que desaparezcan.
El trabajo es muy intenso porque si ello cambia se termina. Toda esa energía esta destinada a conservar las cosas del pasado; y a que nada se mueva.
Esto es lo que en ocasiones se observa en algunas personas donde pareciera que no hubiesen vivido las grandes turbulencias de las pasiones que nos da el vivir.
Cuando el esfuerzo esta al servicio de ello la posibilidad de conocer algo de la historia y recordar se pone en riesgo por lo que tanto se lucha. Porque, conocer acerca de nuestra historia significa recordar, que significa volver a pasar por el corazón las situaciones buenas y malas que nos fueron constituyendo. Seria saber de dónde venimos.
Esto es lo que nos va a permitir saber hacia dónde vamos, y nos ayuda a entender lo que nos está pasando ahora. Porque el presente en gran parte es el resultado de nuestro pasado. También sirve, en el mejor de los casos, a no volver a cometer los mismos errores que se cometieron.. Uno al enterarse puede continuar en lo mismo o intentar transformar eso fijo y doloroso en otras maneras más novedosos, y más satisfactorios.
Pero no es una tarea fácil porque uno al reflexionar se pone en el tapete aquellas enseñanzas familiares y por ende al elegir uno debe dejar ese mundo infantil que da seguridad. Si bien no es fácil es lo que nos va a permitir vivir sin tantas trabas el presente y el futuro.
Lic. Sebastián Terrizzano
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