Buenos Aires (Especial de NA) -- Pese a las encuestas que se revolean de uno y otro lado, cuando faltan menos de 45 días para las elecciones legislativas ninguna de las principales fuerzas políticas puede asegurar, más allá de las expresiones de deseo, que ganará el 28 de junio en territorio bonaerense, donde se librará la batalla política del año.
Empezando por el oficialismo, que sacó a sus voceros apronosticar que la lista encabezada por Kirchner llegará al 40% de los votos, cuando es muy poco probable que en una elección legislativa una fuerza política alcance ese nivel de adhesión debido a la mayor diversificación de la oferta electoral.
Este elemento, justamente, hará que el frente que gane las elecciones no obtenga mucho más que el 35% de los sufragios, considerado por los principales encuestadores como el "número mágico" de la contienda bonaerense.
La cuenta que sacan los especialistas es relativamente sencilla: entre el peronismo oficialista, el disidente y el "panradicalismo" aglutinarán el 90% del electorado, dejado el 10% restante para las fuerzas menores como las lideradas por Martín Sabbatella y Luis Patti, en ambos extremos del arco ideológico.
"Llegando al 35 % ganamos bien", comentó esta semana uno de los principales integrantes de la lista encabezada por Kirchner, que pidió prudencia a sus colaboradores pese a que el ex presidente comenta a todo aquel que lo escucha en Olivos que el Frente Justicialista para la Victoria ya llegó al 38%.
También invocó el 35% Elisa Carrió en el acto de lanzamiento del Acuerdo Cívico y Social en el teatro Gran Rex porteño. Lo que no dijo la líder opositora es que la dupla conformada por Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín se encuentra tercera en intención de voto detrás del PJ y de Unión-Pro.
Sin embargo, la paridad de las tres principales fuerzas sería más concreta que la expresada por las encuestas, cuyos resultados coinciden en que al menos el 20 % del electorado aún no sabe por quién votará el 28 de junio. Por eso, muchos especialistas dicen que la elección recién se definirá en la última semana.
En ese punto culminante de la campaña, el electorado no solamente volcará su preferencia para consagrar un ganador, sino que también elegirá a la fuerza que a su juicio podría resultar un contrapeso político y la instalará en segundo lugar. Hasta ahora, no hay certeza para nadie de llegar a esos sitiales.
Las testimoniales y otras yerbas.
"Lo mejor que puedo hacer ahora por la Provincia es estar en la lista. Después, que sea lo que Dios quiera", comentó en las últimas horas entre sus colaboradores más cercanos el gobernador Daniel Scioli, cuya candidatura es una de las más objetadas por la oposición, que la considera entre las "testimoniales".
La frase tiene varias lecturas: la más obvia es el alto grado de lealtad que mantiene Scioli hacia el matrimonio Kirchner. Pero también se atisba cierta angustia del mandatario bonaerense por lo que pueda suceder después del 28 de junio con la composición de una Legislatura que, casi con seguridad, no le será favorable.
Scioli dijo públicamente que recién en diciembre decidirá sii asume la banca de diputado -para la cual se postula- o continúa como gobernador. Fue más bien un intento de cortar las incesantes consultas de la prensa ante la polvareda que levantaron las candidaturas testimoniales, pero no una respuesta de fondo.
¿O alguien puede realmente pensar hoy que Scioli está dispuesto a dejar la Gobernación para proseguir su carrera política en la Cámara de Diputados? Seguro que no, pero siempre cunden las versiones conspirativas, como las que indican que el kirchnerismo busca desplazarlo en favor del vice Balestrini.
Tampoco Sergio Massa, el jefe de Gabinete, la pasa bien con la ola de cuestionamientos a las candidaturas testimoniales, aunque en su caso es un secreto a voces que no quería sumarse a la lista encabezada por Kirchner y que sólo lo hizo por un pedido especial de Cristina.
El futuro de Massa no está, por cierto, en la Cámara baja: el jefe de Gabinete podría serguir en su cargo si al Gobierno le va bien en las elecciones o regresar a la intendencia de Tigre en caso contrario, para armar desde allí una plataforma de lanzamiento hacia la Gobernación en 2011.
Los dilemas de Kirchner.
El jefe del PJ tuvo que implementar una nueva modalidad de campaña -recorridas a pie por los barrios, más contactos con la prensa- luego de que se detectara en algunas encuestas un retroceso en la intención de voto del oficialismo como consecuencia de su apelación a la gran crisis de 2001.
Entonces Kirchner bajó el tono del discurso y ordenó a algunos de sus fieles, como el jefe del bloque del FpV en el Senado, Miguel Angel Pichetto, que salieran a instalar la idea de que el oficialismo ganará con comodidad la elección en territorio bonaerense.
Pero la realidad indica otra cosa: es cierto que el PJ oficial saca una buena diferencia en el segundo cordón del conurbano, con base en La Matanza, pero las diferencias se reducen sustancialmente en el primer cordón, donde se produce un efecto arrastre del cuadro político en la Capital Federal.
Se sabe que allí el oficialismo no tiene una buena inserción y muy probablemente no superará el 10% de los votos. Por el contrario, el PRO de Mauricio Macri y Gabriela Michetti -aliado de Francisco De Narváez- y el Acuerdo Cívico y Social obtendrán en conjunto más del 50% de los sufragios.
El primero y el segundo cordón del Gran Buenos Aires aglutinan el 62% del electorado provincial. El resto se concentra en el interior bonaerense, donde el oficialismo no la pasaría nada bien en las urnas como consecuencia del enfrentamiento con el campo y de la raigambre que allí tiene históricamente el radicalismo.
Pero el verdadero desafío para Kirchner no será tanto mejorar su rendimiento en este sector del electorado sino evitar que se siga formando lo que los encuestadores denominan como una "ola negativa" que termine influyendo de manera decisiva a la hora de la verdad.
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