BUENOS AIRES, (AIBA-Infosic). La estrategia de sorprender sigue funcionando como premisa en el gobierno, lo caracteriza y hasta ahora lo ha favorecido.
Se agrega a lo sorpresivo, el principismo oficial por acorazar la información sobre su gestión y el despacho de mensajes híperoptimistas sobre el resultado de las acciones de gobierno. También, el informar sobre actos consumados como táctica.
Ultimamente el presidente Néstor Kirchner se muestra a través de acciones que, aún en su simpleza y por la carga emocional que asocian, aportan a la premisa de sorprender: esta semana visitó un hogar de ancianos en el partido bonaerense de San Martín y se abrazó con un grupo piquetero en formación en la Plaza de Mayo desacreditando a los hombres que tienen la misión de brindarle seguridad -lo que para ciertos grupos románticos no deja de ser un motivo de seducción-.
También despreció a la Sociedad Rural, para luego dar a la entidad una palmada de consuelo prometiendo su presencia ´no oficial´ en algún momento de la muestra. Antes había eludido asistir a la inauguración oficial por ´problemas de agenda´.
Asimismo, con sorpresa, nombró a Martín Balza embajador en Colombia, con lo que lo defraudó: el general aspira desde su retiro en 1999 con alcanzar la titularidad del Ministerio de Defensa. Balza igualmente aceptó la designación diplomática.
Más íntimamente, el 22 de julio Kirchner firmó un decreto que prohibe a los periodistas realizar la más mínima guardia en el Salón de los Bustos, y exigió que los policías que custodian los dos accesos al sector presidencial de la Casa de Gobierno, cumplan sus funciones con ropa civil.
Antes, había preguntado a sus colaboradores si era posible alejar a los edecanes militares de su presencia.
Esta estrategia de lo sorpresivo ciertamente ha facilitado los primeros pasos del presidente, que asumió obsesionado por irradiar muestras de autoridad que hicieran olvidar el 22 por ciento de votos propios con los que llegó a la Casa Rosada. Hoy su gobierno ha logrado elevar el porcentual de aceptación.
Aunque la misma estrategia sirve para distraer sobre la indefinición de los problemas cruciales del país en los que no se avanza: la hechura de una Argentina sustentable y predecible; la inseguridad jurídica; el diseño de una economía moderna; los objetivos concretos de la negociación de la deuda externa; la restaurada cuestión militar y el despertar del dólar que, aunque previsible, asusta a la gente siempre sensibilizada con la paridad de la moneda norteamericana.
Estos son los temas recurrentes y cruciales, que alimentan la incertidumbre a la que no se puede sorprender.
Por esto, después de los hiperoptimistas mensajes oficiales, el presidente George Bush no ha dado muestras de interceder ante el Fondo Monetario Internacional para que la negociación con la Argentina se lleve por los carriles de la tolerancia. La entidad desembolsó mil millones de dólares para reforzar las reservas del país como se pactó durante el gobierno de Eduardo
Duhalde, pero no ha recortado, y en cambio pidió ´acelerar´, sus exigencias de ´reformas estructurales´ en el país. Un eufemismo para pedir el recorte del gasto del Estado.
También solicitó apurar la renegociación de la deuda; el ajuste de las tarifas de servicios públicos la reforma del sistema bancario e impositivo. No es poco y todo para ´asegurar la solvencia de las finanzas públicas´, dice el FMI.
A pesar del entusiasmo de los dichos oficiales, el gobierno inglés, por intermedio de su ministro para las cuestiones de América Latina, Bill Rammel, ratificó su pretensión de que ´las islas - Malvinas- seguirán siendo británicas´.
La renacida cuestión militar tuvo también esta semana su optimista mensaje oficial: ´no hay malestar´ en las Fuerzas Armadas, dijo el lunes el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Lo expresó después de verse obligado a convocar a un almuerzo a los cuatro jefes de Estado Mayor. El hecho de la convocatoria por sí solo, al atender la relación distante marcada por el
gobierno con los militares, dejó sin consistencia a los dichos del gobierno: en la Armada y el sEjército -en ese orden de significación- hay expectativas tensas y lo que el jefe de Gabinete buscó en el almuerzo con los militares fue conocer su verdadera temperatura.
Hay una pesada incertidumbre acerca de cómo tratará la Corte Suprema el pedido de inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, leyes por cuyo dictado Kirchner chocó fuerte esta semana con Raúl Alfonsín.
Como es sabido un fallo en ese sentido podría llevar a desfilar, otra vez, a cientos de uniformados en los tribunales. Por supuesto aporta a la tirantez la posibilidad de las extradiciones de ex jefes del proceso cuyo alcance y plazos todavía no es nítido.
El presidente cerró la semana cosechando un fuerte espaldarazo político de Duhalde, impensado hasta hace poco: el bonaerense calificó con un ´10´ al gobierno de Kirchner. Y el viernes, para agigantar la señal, viajaron juntos a la Quebrada de Humahuaca para presidir el acto que celebró su reconocimiento como ´Patrimonio Natural de la Humanidad´.
En el avión la cuestión político-partidaria estuvo presente para analizar cómo distribuirán sus apoyos a los candidatos para las elecciones en la Capital Federal, Buenos Aires y Misiones.
El otro tema fue la misma cuestión militar que, según los dichos del gobierno es ´tranquila´.
El viaje no fue tranquilo para el presidente y su invitado: la falla de un motor del helicóptero que los trasladó durante un tramo obligó a un aterrizaje con susto sin otras consecuencias.



