Buenos Aires (Especial de NA) -- La política doméstica atraviesa un estado de revulsión permanente, que lleva a los principales líderes a improvisar soluciones sobre la marcha ante un escenario alterado por el brusco adelanto de las elecciones y en medio de una crisis global que ya está mostrando sus garras en la Argentina.
Este desorden político se ve reflejado ahora en el impulso del oficialismo a las "candidaturas testimoniales", que llevan al límite el concepto de la representación, pero antes pudo rastrearse en el impacto social que provocó la muerte de Raúl Alfonsín y en el efecto derramado sobre el radicalismo.
Las últimas encuestas en la provincia de Buenos Aires, donde tendrá lugar la contienda central el 28 de junio, muestran que la alianza entre la Coalición Cívica y la UCR logró consolidar en la última semana un piso del 20 por ciento de intención de voto, tras un crecimiento ostensible a caballo del "efecto Alfonsín".
El crecimiento de este amplio espacio político no peronista en las preferencias del electorado bonaerense atenta, a esta altura con cierta claridad, contra la estrategia del justicialismo -en sus versiones oficialista y disidente- de polarizar la elección de cuyo resultado dependerá el futuro del Gobierno nacional.
Esta tendencia podría acentuarse, incluso, si el vicepresidente Julio Cobos decidiera involucrarse en la campaña electoral: por lo pronto, este fin de semana aparecerá en Mar del Plata para hablar ante la Convención Nacional de la UCR, que lo aceptará nuevamente en las filas del centenario partido.
La reinserción de Cobos en la estructura orgánica del radicalismo y su posible vinculación con la campaña dará pie, con seguridad, a los voceros del oficialismo para pedir su renuncia a la vicepresidencia, algo que en rigor no esperan conseguir pero al menos buscarán esmerilar su figura política.
Más allá de la ayuda que pueda otorgar la popularidad de Cobos, la determinación del ruralista Mario Llambías (CRA) de no participar de este proceso electoral como candidato también allanó el armado del sector, porque ahora está claro que la fórmula de la alianza será Margarita Stolbizer-Ricardo Alfonsín.
De todos modos, no todas son buenas noticias para el espacio no peronista: a cambio de no discutir a Stolbizer como cabeza de lista de candidatos a diputados nacionales, cada vez son más las voces dentro del radicalismo que exigen a Elisa Carrió que se presente como candidata en la ciudad de Buenos Aires.
La líder de la Coalición Cívica reapareció este miércoles tras varios días de sugestivo silencio y bancó la candidatura de Alfonso Prat Gay, el economista ex jefe del Banco Central, pero sabe que si ella no interviene directamente en las elecciones, no habrá chances de acercarse siquiera a Gabriela Michetti.
La compañera de Mauricio Macri goza de una enorme popularidad entre los porteños, pero con certeza no saldrá indemne ante las críticas propaladas desde distintos sectores por la decisión de presentarse como candidata a diputada cuando aún no cumplió siquiera la mitad de su mandato como vicejefa de Gobierno.
El universo peronista.
Nadie puede jactarse, realmente, de conocer cuál será la determinación final que adoptará Néstor Kirchner sobre el esquema de candidaturas del oficialismo en la provincia de Buenos Aires.
Simplemente porque el ex presidente aún no lo decidió, aseguran diversos voceros oficiales.11 En este marco, el regreso de la fórmula Kirchner-Scioli, tan mentada en los últimos días, pareciera ser el plan A del titular del PJ para hacerle frente a la estratégica elección bonaerense.
Pero también cabría la posibilidad de que sea el gobernador quien finalmente encabece la nómina oficialista. De hecho, el Plan B encaramaría a Scioli ante la evidencia de que la candidatura de Kirchner tiene un "techo" marcado que imposibilitaría al oficialismo crecer en términos electorales pese a la concurrencia del gobernador y de los intendentes más taquilleros del Gran Buenos Aires.
Se estaría verificando, en el caso de Kirchner, un fenómeno parecido al que afectó a Carlos Menem en la elección de 2003, cuando el riojano pudo ganar la primera vuelta pero no lo hizo con la suficiente amplitud que hubiera necesitado porque buena parte del electorado rechazaba abiertamente su figura.
"Igualmente, Kirchner ya no tiene margen para bajarse, porque si él no va al frente, muchos intendentes seguramente no pondrán toda la carne al asador", especulaba esta semana un histórico operador del peronismo bonaerense.
El Plan C, no obstante, ubica al jefe de Gabinete, Sergio Massa, a la cabeza de la lista de candidatos, sin presencia de Kirchner ni Scioli. Los que abonan esta hipótesis destacan que el funcionario dedica sus frecuentes apariciones públicas en el conurbano a la problemática de la inseguridad. Se sabe que este tema es la principal preocupación de los bonaerenses y que es el caballito de batalla del "Colorado" De Narváez, quien hasta el momento aparece como el principal rival del oficialismo en territorio bonaerense, fortalecido tras el acuerdo con Mauricio Macri y Felipe Solá.
Ese acuerdo estuvo tambaleando porque Macri vetaba la presencia en las listas de dirigentes cercanos a Eduardo Duhalde, con quien De Narváez mantiene una estrecha relación política y personal. De hecho, este martes estuvo en la casa de Lomas del ex presidente adelantándole sus próximos spots de campaña.
Debido a esa fuerte relación es que muchos duhaldistas podrán regresar a la vidriera política, como los ex ministros Jorge Sarghini y Alfredo Atanasof, u otrora coroneles del conurbano como Osvaldo Mércuri, quien secundaría a Jorge Macri en la lista para diputados provinciales por la tercera sección electoral.
Tampoco pasó inadvertida para los que hilan fino en el universo del peronismo la asunción de Ignacio De Mendiguren como secretario general de la UIA, un cargo con mucho manejo político en la central industrial, que comenzó un proceso de adaptación a los nuevos tiempos con la entronización de Héctor Méndez.
"No es que Duhalde piense en volver a conducir el peronismo, pero en los hechos se está desenvolviendo como el gran armador de la alternativa en la Provincia", razonó un dirigente que lo conoce desde hace más de 20 años.
El mismo dirigente reveló una frase que Duhalde repetiría constantemente entre sus acólitos desde hace unos días: "el mismo que trajo a Kirchner, ahora se lo tiene que llevar".
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