Un reconocimiento nacional plasmó la figura de Raúl Alfonsín en estos últimos meses.
Trascendió los límites partidarios desde el primer momento que se erigió como primer presidente de la democracia luego de los peores años que nuestra Argentina pudo haber vivido.
Hacedor de paz, la paz con Chile y Brasil, la paz interna en un país donde las fuerzas armadas aún guardaban gran poder oculto y asimismo tuvo que soportar aquellos levantamientos regocijo de algunos sectores, motivo de crítica por otros, pero fue él sólo aunque con la solidaridad de algunos opositores.
Raúl Alfonsín, piedra fundamental de la CONADEP, capaz de llevar luego de 45 años al banquillo a la Junta violenta que demolió el país y su gente, tal como en Nuremberg.
Cauto en las medidas, autocrítico en otras tomadas ya en los 90, jamás permitió que su nombre se emparentara a ningún tipo de corrupción.
Integrador y siempre predispuesto al diálogo, deja enseñanzas para propios y ajenos, para quienes le pararon el país 30 veces y para quienes lo derrocaron con un golpe económico. Arrepentimiento, pero no rencores. Alfonsín manejaba un lenguaje no ofensivo ni agraviante entre los colegas políticos y pocos lo logran. Una manera de vida especial.
Tan fuerte fue su figura que motivó que por los mismos sea reivindicado hace poco tiempo y hecho busto en la Casa Rosada por la Sra Presidente y un salón repleto por todos.
La reflexión y el tomar conciencia de muchos que él protegió, hizo posible esa reconciliación a partir de la imagen de respeto infundida.
Se fue el Primer Presidente de la nueva democracia, la que aún nadie pudo quebrar y la cual debemos apuntalar día a día. Su legado es la unión en paz de todos los argentinos en pos de su querida Patria.
El Dr. Raúl Alfonsín deberá ser citado cada vez que se hable de Derechos Humanos y de Nunca Más…
Muchos hemos votado por primera vez en aquella histórica jornada.
Muchos debutaron en política abierta desde ese día.
Toda la sociedad está de luto, los que somos demócratas, al menos.
Dr. Juan Carlos Roma



