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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 02/abr/2009 de La Auténtica Defensa.

El legado de Alfonsín y los posibles efectos políticos de su partida
por Mariano Spezzapria




Buenos Aires (Especial de NA) -- La movilización popular que generó la muerte de Raúl Alfonsín se explica por el reconocimiento de la gran mayoría de los argentinos hacia el hombre que se convirtió en un símbolo de la democracia, pero también en el referente de una forma de hacer política basada en el diálogo antes que en las imposiciones.

Ese es el verdadero legado histórico que deja Alfonsín para las próximas generaciones, más allá de los aciertos y errores que pudo haber tenido como presidente de los argentinos en un período muy especial -el de la recuperación democrática- y luego como un dirigente de gravitación en la Unión Cívica Radical. Porque el diálogo es el lugar del encuentro, no sólo entre los que piensan igual sino particularmente con los que piensan distinto, los rivales de ocasión o de toda la vida con los que solamente por esa vía se puede lograr algún punto de encuentro.

Una frase de Alfonsín, pronunciada ya cuando era un dirigente veterano y se candidateaba para senador nacional, lo pinta de cuerpo y alma. Fue una respuesta ante una pregunta por su futura situación de desventaja numérica en la Cámara alta: "no importa, me tengo fe para convencer a mis adversarios", dijo sonriente.

Algunos comentaban este miércoles, entre bambalinas y fuera del alcance de los micrófonos, que Alfonsín era un dirigente de tal envergadura que hasta su fallecimiento fue un acto político, entendiéndolo como un envión póstumo hacia su querido radicalismo y sus potenciales aliados de cara a las elecciones de junio.

"Si algo deja Alfonsín es su vocación por el diálogo, algo que ahora no sobra", comentó amargado un dirigente peronista que, de paso, recordó que el accidente de tránsito que tuvo el ex presidente en 1999 en Río Negro resultó un aliciente para la UCR en la campaña electoral que terminó ganando Fernando de la Rúa.

Ahora, la especulación política señalaba al vicepresidente Julio Cobos como uno de los potenciales beneficiarios de este acontecimiento, puesto que estaba en funciones a raíz de la gira de Cristina Kirchner y estuvo acompañando a la familia Alfonsín en las últimas horas del líder radical.

Pero Alfonsín no sólo parece haberle tirado el guante a Cobos, sino también a otros dirigentes como Elisa Carrió, Margarita Stolbizer y a su propio hijo Ricardo, que en las próximas semanas afrontarán una dura contienda electoral en distritos clave de la Argentina como la provincia de Buenos Aires y la Capital.

Más allá de estas especulaciones de índole personal, la movilización popular en torno a la muerte del caudillo de Chascomús resultó sorpresiva por su magnitud en una época en laque la política no convoca en forma espontánea como lo hacen, por caso, las marchas contra la inseguridad.

Esta situación interrumpió de hecho la naciente campaña electoral y aún están por verse los efectos políticos que podría acarrear en las próximas semanas. Pero queda claro que en estas horas de homenaje a Alfonsín alientan al radicalismo y ponen incómodo al peronismo, en sus distintas versiones.

No porque los referentes peronistas -kirchneristas o disidentes- sean mezquinos con Alfonsín -de hecho Cristina lo homenajeó en vida-, sino porque la despedida del ex presidente otorga aire al radicalismo en momentos en que la sociedad reclama más diálogo y consenso para afrontar la crisis en ciernes.

MS/FRA

mspezzapria@noticiasargentinas.com


 
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